¡Aguas con los Pejebots!

Brenda Caballero

Números Rojos

Brenda Caballero

“Periodistas chayoteros”, “Picada te está siendo falta”, “Las Picadas las pides tu a gritos”, “No nos quieres engañar chayotera cada día más gente se le une a López”, “Tus picadas todas está dando el PRI y el PAN verdad zorrita”, “Huele a chayote! Jaja independiente de los legisladores como dice que no saben gobernar López Obrador ya gobernó la Ciudad de México, lo que sucede es que están acostumbrados a que les roben desde el principio quieren gente con experiencia a robar! Y son tan mediocres como esta periodista Brenda que cuando es un gobernante con experiencia y roba lo ven como algo común…” “Picada la que quieres vamos AMLO”, “Vieja vendida chayota del PRIAN” “jajajaja eso te pasa Brenda por mentirosa, lee cuantos insultos, mi voto para Andrés Manuel López Obrador”. Estos fueron algunos de los comentarios en Facebook a mi columna titulada “AMLO ¿en picada?”, en un portal de internet, la cual publiqué el jueves de la semana pasada donde escribía sobre el discurso religioso de AMLO y la posibilidad de perder votos al hablar de moralidad. ¿Y quiénes hacen los comentarios? ¿De verdad son seguidores de AMLO los que se expresan de esta forma? Más que enojarme por las groserías y obscenidades, me dio risa, pues en los casi diez años que llevo, no me han dado un “chayo”… además de que los que me conocen saben que ¡escribo por puro gusto!, y dijeran por allí, lo digo con mucha honra.
Cuando escribo, lo que me interesa es dar mi opinión y defenderla con argumentos. Nunca he esperado que los que me leen estén de acuerdo conmigo, al contrario, espero que tengan argumentos para debatirme, pues es la única forma de aprender y de crecer como persona. Pero ¿y los insultos? Confieso que tampoco me afectan, pues cuando me han dicho la frase reyna “¡Chinga a tu madre!”, pienso en lo absurdo de la frase ¿Cómo voy a ir a chingar a mi madre?, ¿a poco no es absurdo? Luego entonces, ¿son necesarios los insultos al hacer comentarios?
Como lo mío es la investigación, allí me tiene viendo los perfiles de los que comentan, una o dos fotos, todas las publicaciones a favor de AMLO y denostando a todos los demás partidos. ¿Acaso son Pejebots? La mayoría sí, pues sus publicaciones no tienen ningún me gusta o comentario, solamente fueron creadas para apoyar a AMLO y tirarle a todo y a todos los que hablen mal de él.
Esta anécdota me hizo recordar la columna del periodista Ricardo Alemán que tituló “Facebook y Twitter militan con AMLO”. Allí menciona que según el director de Radar, Manuel Cossío, “existen miles de cuentas en Facebook que se meten a los comentarios de las notas críticas a López Obrador” para amenazar a los articulistas mediante denuncias masivas de spam o de acoso (de 100 a 200 cuentas de manera simultánea) hasta que Facebook baje las Fan Page”, y como ejemplo menciona que Facebook bajó de su plataforma la página www.letraroja.com ¿la razón? Cientos de usuarios llamaron a tirar la página por incluir artículos críticos a López Obrador.
¿Es una manera de censura con mensajes amenazantes cuando emites una opinión crítica ante el riesgo de que bloqueen tu cuenta o tu página? Quisiera pensar que no es así, pues tengo muchos amigos que militan en Morena que nunca se expresarían así. ¿Y entonces? Al analizar el estilo de los comentarios a mi columna, los perfiles de los comentaristas y las coincidentes palabras que se repiten, todo indica que ¡me atacaron los Pejebots!
II
El siguiente relato lo compartió la amiga de una amiga en Facebook y me confiesa que es real.
NO VOTARÉ POR Cuitláhuac García:
Hace varios años, vino a Xalapa López Obrador y mi esposo y yo fuimos a escucharlo a la plaza Lerdo. Fue un mitin verdaderamente abarrotado de gente, como si fuera un 15 de septiembre. Al final del mitin, muchos se fueron y cuando ya quedábamos unas 200 personas, Cuitláhuac subió a la tarima, tomó el micrófono y dijo, palabras más, palabras menos: “Este encuentro ha sido tan exitoso que los invito a todos a mi casa a festejar”. La gente empezó a gritar alegre y alguien le dijo: “somos muchos, ni nos conoces”; y él contestó: “no importa”, y acto seguido dio su dirección domiciliaria.
Le pedí, le rogué a mi esposo que fuéramos. Insistí mucho porque mi esposo no se tragaba el cuento de Cuitláhuac. Al final, mi marido aceptó diciéndome que iba pero solo en plan de acompañarme A MÍ, no a ver a nadie.
Cuando llegamos a la casa citada, tocamos y salió al portón un hombre moreno fornido, que nos preguntó que qué deseábamos. Le referí la invitación de Cuitláhuac y con cara de pocos amigos nos espetó un grosero “pasen”. En el garaje había otras dos parejas que estaban con caras como de asustadas y no hablaban entre ellas. Enseguida entró, casi detrás de nosotros, el referido Cuitláhuac, quien nos echó una rápida mirada a las 6 personas que estábamos ahí y se volteó a ver a esa especie de portero y en tono de áspero regaño le preguntó: “¡¿Y éstos quiénes son?!” El hombre le contestó: “Gente que dice que tú los invitaste en la plaza y les diste la dirección”. Enseguidita, Cuitláhuac le reviró peleando: “¡Pues se me van yendo ahorita mismo, AHORITA!” Y se metió a la casa.
Voltee a ver a los demás, que seguían con cara de susto. Miré a mi marido, que me clavó los ojos en la cara. Atiné a tomarlo, yo, del brazo y lo jalé a la calle. Ya afuera le dije: “Discúlpame por no haber creído en tu apreciación sobre Cuitláhuac, discúlpame, es un demagogo, un hipócrita”. Mi marido solo caminaba y caminaba, resoplando de coraje. Después de unas 5 cuadras, su respiración ya se había calmado y me dijo: “No pasa nada, más que a veces eres muy inocente, crees que todo mundo es noble. No olvidemos esto ¿sale?”.
Aclaro, los despistados que estábamos en ese garaje, no estábamos mal vestidos, ni apestosos. Ni yo ni las otras mujeres estábamos con minifaldas o escotes pronunciados (muy nuestra libertad hubiera sido que lleváramos algo así) como para que alguien dijera: “¡¿A qué viene esta gente!?” Para nada. Simplemente el tarado ese quiso hacerse el simpático frente al micrófono. Un demagogo en lo poco, lo será en lo mucho.
Hasta aquí el relato. Uno de los comentarios fue “Publícalo en Tepito Xalapeño… así se enterarán más”. De inmediato la persona que lo compartió dijo: “Si lo difundo más, van atacar mi face”
Nota: Esta columna será atacada también y dirán que chayoteé doble.

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