Anécdotas de autocríticas destructivas

En la campaña electoral de 2016, en tres ocasiones escuché al entonces gobernador Javier Duarte de Ochoa quejarse de las críticas que le hacía a su persona y a su gobierno el entonces candidato de su partido (priista) a la gubernatura Héctor Yunes Landa, como parte de su estrategia para tratar de ganarse el voto de los veracruzanos.

Furioso, decía que estarlo atacando era estarle pegando a la línea de flotación del barco tricolor. “No se da cuenta que pegarme es pegarle a la línea de flotación del PRI y que si yo me hundo se hunden todos”, repetía. Tenía razón. Duarte se hundió y se hundieron todos. El tricolor apenas sobrevive.

Hoy el presidente Andrés Manuel López Obrador tiene que sostener a toda costa al gobernador Cuitláhuac García Jiménez aunque ya no confíe en la forma en que conduce el Estado y tenga otro trato con su persona respecto al que tuvo con él en meses anteriores.

Criticarlo o descalificarlo en público, como lo hizo en privado en una reunión sobre seguridad, de acuerdo a una versión de Carlos Loret de Mola, sería pegarle a la línea de flotación no solo del barco cuitlahuista sino también morenista, que podría dañarlo o hasta hundirlo estando a poco más de 20 meses de las elecciones en que se renovarán los ayuntamientos y las diputaciones locales. Sería suicida.

@reyesisidoro

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