Chairos vs fifís

Pilar Ramirez

La política en tacones

Pilar Ramírez

La polémica que desató Brozo, el personaje de Víctor Trujillo, por afirmar que las conferencias matutinas de Andrés Manuel López Obrador son un montaje que se vale de seudoreporteros, terminó como casi todas las críticas o elogios a AMLO. El público se dividió: unos tundieron a Trujillo mientras otros le expresaron su apoyo incondicional. En la avalancha de comentarios que desató en las redes la afirmación de Brozo no encontré prácticamente ningún argumento racional.

José Woldenberg analizó con mucho tino esta semana nuestra incapacidad para debatir. Presenta una especie de manual, muy divertido, en el que se enumeran las estrategias para ganar una discusión sin debatir. Tituló a su texto “Instructivo para evadir debates y ganar de antemano”. Sería un manual muy hilarante si no le asistiera la razón a Woldenberg, pues retrata con suma exactitud nuestra patética realidad. Y sólo como ejemplo, la mayoría de esos preceptos para evadir la argumentación están presentes en la polémica que generó Brozo.

En primer término, señala Woldenberg que las afirmaciones de una persona se pueden derribar por venir de quien vienen. No hay que analizar nada, ni las filias o fobias, sólo descalificar. Y así lo hicieron en las redes, por ejmplo: “lo que criticas es lo que defiendes, a Brozo le interesan más fieles a él para su beneficio”.

Sigue el instructivo de Woldenberg: “Las explicaciones de su adversario pueden ser ignoradas explorando o explotando su ascendencia o descendencia, sus amigos y conocidos” y asimismo se hizo en el caso del “gansoficio”, le dijeron a Trujillo: “ya eres un burgués disfrazado de menesteroso y convertido en bandera de conservadores, los que te defienden son los Krauze, Lozano y todas las lacras” y cosas de ese estilo.

La tercera indicación es descalificar a su oponente acusándolo de recibir chayote. Esas afirmaciones menudearon contra Trujillo, cosas como “no informas, te vendes” o “¿para qué callarte si te pueden comprar”. La descalificación con la presunción de que le pagan por criticar a AMLO.

Otra estrategia es descalificar las intenciones. Esta abundó en las respuestas a Brozo: “no eres dueño de la verdad”, “usted nunca ha tenido compromiso social” o “el compromiso con la sociedad lo olvidaste al entrar a Televisa y prestarte a un montaje”.

Una que no anotó Woldenberg y es la más socorrida en las redes es el insulto puro y llano. De esas no anoto ejemplos porque sería de mal gusto, pero los pueden consultar en Twitter, los hay de todos colores, algunos con ilustraciones.

Debo decir que de esa incapacidad para debatir no se salva ni el mismo Brozo. Cuando se le fueron encima respondió con sarcasmo, insultó a sus críticos y afirmó que sus seguidores no lo defendían a él sino a la libertad de expresión.

Como yo no tengo acreditación para cubrir las conferencias presidenciales, no he ido a ninguna. Sólo le diría a Brozo algo tan elemental que hasta parece grosero: cuando un reportero tiene asignada una fuente, lo lógico es que siempre esté en el mismo sitio o ámbito. Si las dos personas que menciona son o no reporteros es algo que se debería probar con trabajo de investigación periodística; pueden ser reporteros, elogiosos con el presidente y pertenecer a un medio de filiación morenista, no necesariamente empleados de Comunicación Social. Que estén siempre en las conferencias y elogien o traten con comedimiento al Presidente no prueba el montaje.

En lo que sí le asiste la razón a Trujillo es en cuestionar la intervención del exalcalde de Lima, Ricardo Belmont Cassinelli. ¿En calidad de qué estaba en la conferencia mañanera? ¿Ahora es reportero? ¿Pertenece al mismo medio que el del reportero que le cedió su turno?

La tentación de buscar mecanismos de aceptación por parte del poder está siempre presente y casi no hay quien se resista a ella, pero tampoco podemos afirmar tan enfáticamente que este sea el caso. Eso sí, los elogios están fuera de lugar en una conferencia de prensa y, sin duda, pone bajo sospecha el trabajo de un reportero. Que los expresen cuando develen estatuas, aunque sean de las mal hechas, pero el trabajo reporteril no es ese y que necesitamos con urgencia subir la calidad del debate, no hay ninguna duda, aunque para eso primero debe haber

debate y no sólo descalificaciones. Ni chairos ni fifís. Necesitamos razones y argumentos para estar o no de acuerdo con las acciones de gobierno.

Ya veremos qué tan abierta es esta administración con la crítica y el humor, y qué tanto se atreven en el programa Me canso ganso anunciado por Canal 22.

Mientras, los chairos y los fifís pueden leer los comentarios en las redes. Ambos pensarán que ganaron porque su punto de vista es el correcto. Tristemente será cierto, porque las únicas perdedoras son la razón y la reflexión.

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