Ciudadanos de primera en países de tercera

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Ciudadanos de primera en países de tercera

Por: Toño Reyes

Hace unos cuantos años atrás viajaba con una persona que visitaba por primera vez los Estados Unidos. Después de varios días de paseo en diferentes parques, museos y centros comerciales buscó el momento y el lugar para hacer un comentario irónico para los dos por nuestro origen mexicano; antes de expresarlo me advirtió: voy a decir algo que tal vez no te agrade, espero que no me vayas a considerar sangrona. Adelante, no te detengas, le dije, y de inmediato expresó: ¿has notado que la gente latina es la de peor gusto?, no respetan las filas, se meten al primer descuido de quienes tienen tiempo esperando su turno sin importarles nada, si les dicen no te levantes, no saques las manos, no uses tu teléfono, no tomes fotografías, guarda silencio, hacen todo lo contrario, tiran basura, hacen caso omiso a los señalamientos, a las recomendaciones, a las instrucciones etc, etc.

Se les consideran latinos en algunas partes de Estados Unidos tanto a los mexicanos como a los salvadoreños, guatemaltecos, hondureños y hasta los argentinos, así como asiáticos se les denomina lo mismo a los chinos, que a los japoneses, koreanos y tailandeses, de manera generalizada, por ejemplo.

Tienes toda la razón, justos pagan por pecadores, no todos somos así, ni todos los que venimos de paseo ni todos los que viven aquí, pero el mal concepto o la mala idea que se tiene de nuestra raza es esa, y lamentablemente ganada a pulso día a día, para muestra basta un botón (unos sujetos se habían cruzado delante de nosotros la cuerda que formaba la hilera para acceder a un recinto organizadamente, luego de más de media hora que llevábamos formados), contesté sin abundar en el tema, eso allá por el 2007.

De vuelta en Norteamérica hace poco, me volvieron a hacer el mismo señalamiento, lo que me permitió reflexionar más al respecto, entre otras cosas porque al principio, al partir de Veracruz, sufrí y sudé para llegar con dos horas de anticipación al aeropuerto para confirmar mi lugar en el vuelo, como lo solicitan las aerolíneas para viajes nacionales (iba a Tijuana), pero en eso atestigüé cómo dos personas que salían por separado antes a Monterrey, perdían su vuelo por arribar faltando sólo diez minutos y sin pase de abordar, no sin antes alegar a más no poder con los elementos de seguridad aeroportuaria que eran incomprensibles, ¡Viva México!, fue lo primero que se me vino a la mente.

Arriba del avión, no me dejó de llamar la atención cómo varios connacionales una vez que se les había solicitado mantener los asientos rectos para despegar, indiferentemente los reclinaban y se disponían a echar la siesta, ante la insistencia de las aeromozas. No puede ser, y lo que falta, volví a pensar.

Pero eso fue en acá. Ya estando del otro lado de la frontera norte, para mi sorpresa esta vez los asiáticos no se quedaron atrás, vi que también se comportaban igual que los “latinos”, además observé como en otras ocasiones, discusiones en voz alta en lugares públicos entre afroamericanos, por lo que llegué a la conclusión de que la descortesía no era propia de ninguna raza en especial, como tampoco la educación que hace a la gente de bien, lo que descartaba por completo que fuéramos los seres más desagradables del continente.

Hablando específicamente de nuestro país, a pesar de que no contamos con los mismos avances científicos y tecnológicos (nada más en 2012, 10 de las principales universidades estadounidenses, entre ellas las de California, Stanford, Illinois, y el Massachusetts Institute of Technology, registraron 1,466 patentes ante la Oficina Estadounidense de Patentes y Marcas, en campos como la ciencia, la tecnología, la ingeniería y la medicina), acá también hay quienes reprueban ese tipo de comportamiento, no se identifican con él, al revés, están conscientes de que la educación es un lenguaje universal, sumamente fácil de identificar y que abre puertas en todas partes.

Varios maestros a lo largo de mi vida acertadamente me han instruido de que hay que tratar de vestir siempre de manera pulcra, más que por satisfacción personal, por respeto a los demás, así como escribir lo mejor posible, sin faltas de ortografía, por la misma razón, ya que una buena impresión facilita el inicio de una buena relación, es decir, como te ven te tratan.

Innegablemente, no es algo muy común, son muy pocos los que distinguen que el éxito en el ámbito académico, deportivo, político, económico y militar, entre otros, también se cimenta en las buenas costumbres como la limpieza, el orden, el respeto a la vida, a la naturaleza, a la gente adulta, a la niñez, a sus símbolos patrios y a las autoridades, pocos pero existen.

Estos “mínimos” saben que el término “primermundista” es un concepto relativo a las personas, no a las cosas, también saben que la productividad personal hace al país una potencia y no lo que hacen las administraciones públicas, a esos mínimos que tienen el privilegio de poseer una poderosa mentalidad capaz de mejorar su entorno en el lugar de su residencia en los países en vías de desarrollo, son a los que yo llamo la verdadera “gente bonita”, no los que salen en sociales, ni los que asisten a mítines políticos, ni siquiera los que pertenecen a las organizaciones asistenciales, sino los que atraen la verdadera prosperidad, los que a pesar de su alto nivel cognitivo son capaces de influir en el pensamiento del vecino o del amigo para hacer mejores cosas, los que no se apartan de la sociedad en general porque saben que ese será el ambiente donde se desarrollarán sus hijos.

Se oye raro pero hay ciudadanos mexicanos, guatemaltecos, salvadoreños, cubanos, venezolanos, etc., primermundistas, capaces de moverse en cualquier cultura, de ponerse de acuerdo con cualquier autoridad o comerciante ya sea norteamericano, inglés o ruso, de esos que desean institutos educativos especializados en lo que nosotros llamamos oficios como la carpintería, fontanería o albañilería, de los que superan y ven con filosofía aquella frase patriótica para justificar los errores que nos tienen estancados como nación: “no existe escuela para políticos”, de los que necesita por montones Latinoamérica.

Me dice un compañero de viaje: desde luego que a esta gente les interesa el acontecer político porque afecta a sus despachos, consultorios, establecimientos, fábricas y empresas, pero tienen bien claro que es secundario porque su futuro no depende ni de la burocracia, ni de las marchas, ni de lo que hagan o dejen de hacer los demás, y yo le respondí: tal vez, de lo que estoy seguro es que acumulan abundancia heredando generación tras generación todo el conocimiento adquirido, y saben tomar muy buenas decisiones, de esa manera no pierden su tiempo ni su dinero, tal vez en eso consista su verdadera riqueza.

@kunoreyes

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