Crónicas peregrinas México con M de Miedo.

Claudia Constantino

Claudia Constantino

En un contexto latinoamericano de movilización y descontento social, pareciera que la emoción que priva en la mayoría de los mexicanos es sin duda el miedo. Sí, aún por encima del enojo que plaga las redes sociales y los puntos de encuentro (ahora desencuentro) de la mayoría de las comunidades.

Existe el miedo a ser asesinado, cuando las cifras de estos hechos violentos registran nuevos récords. A ser violentadas por el simple hecho de ser mujeres (feminicidios y actos misóginos) y denunciarlo. A ser asaltado (en casa o a mano armada) cuando el desempleo sigue a la alza junto con el estancamiento económico.

Tampoco me refiero al miedo a quedarse sin empleo ante la incertidumbre financiera que se vive en el mercado laboral formal, o a ser despedido de alguna dependencia que esté haciendo pobres esfuerzos por abonar al adelgazamiento del aparato burocrático del país.

No hablo del miedo a ser desplazado por la gran cantidad de extranjeros ilegales o legales, en el mejor de los casos, que llegan al mercado laboral informal en busca de alguna oportunidad que les permita subsistir.

No le quiero hablar del miedo a enfermar cuando el sistema de salud del país atraviesa una de sus peores crisis, heredada o no. Ni del miedo a invertir en un país que es recorrido por el fantasma de la vuelta del autoritarismo. No me voy a referir al miedo de dejar la universidad y acabar de conductor en un Uber porque no es posible encontrar un empleo digno, enteramente adecuado, al perfil académico conseguido. No nos ocuparemos del miedo a perder a alguno de los muchachos de la casa a manos del crimen organizado o del que se siente cuando se ejerce el oficio periodístico crítico.

No me voy a referir al miedo de pensar diferente a la mayoría; ni al de disentir cuando una sociedad completa quiere auto engañarse. Tampoco al de ejercer la crítica sin que ello signifique una militancia opositora sino tan solo eso: crítica y un ejercicio de libre pensamiento y expresión de ideas.

De lo que le hablo es del miedo que produce un cambio de paradigma, donde prima la desorientación, pues la academia y los expertos carecen de respuestas teóricas a las crisis políticas y económicas, y al desbordamiento de los gobiernos ante las nuevas formas de protesta.

El miedo al problema de credibilidad de los “políticos” que pareciera llevar a la masa asustada a aferrarse al “menos peor” como a un clavo ardiendo. Hasta nueve presidentes han estado acusados de sobornos por parte de Odebrech. Y son incontables los acusados de actos de corrupción presidencial o abuso de poder por todo Latinoamérica en la última década.

El miedo, que en este contexto, lleva a la mayoría de los mexicanos incluso a justificar la ineficacia patente de los gobiernos para combatir el fuerte incremento de la criminalidad y el narcotráfico; o para controlar la inmigración ilegal o asegurar el sustento económico de quienes confiaron en la mal auto llamada 4T.

El miedo que genera, en no pocos mexicanos, el discurso de Andrés Manuel López Obrador tratando siempre de negar o minimizar los problemas, agravándolos así. O culpando al pasado, siempre al pasado, para acabar haciéndo más grave la situación.

Es verdad que se requiere una refundación-reforma del estado, con nuevas bases legitimadoras mucho más contundentes que el discurso o la propaganda de mentiras manipuladas o verdades a medias. El “modelo alternativo bolivariano” ya probó su ineficacia para crear el estado de bienestar. Ejemplos de ello sobran por todo América Latina. El neoliberalismo, ciertamente, tampoco es el camino, debido al incremento descarnado de las desigualdades sociales, la inseguridad laboral y la dualización de la economía.

La desigualdad social y la involución política, son la suma de lo que me lleva a advertirle: México hoy, se escribe con M de Miedo.

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