Del sufragismo al desencanto

Mujeres que saben latin

Mujeres que Saben Latín 

Por Estela Casados González

El pasado 17 de octubre se cumplieron más de 60 años de que se concedió el derecho de las mexicanas a emitir el voto y también a contender en puestos de elección. La fecha pasó sin pena ni gloria y la celebración no irradió más allá de los ámbitos partidistas de siempre, de sus agrupaciones femeninas afines.

Desde que tengo credencial de electora me ha tocado ver a mujeres que votan en cada elección, a pocas que aparecen en las boletas electorales y a cada vez menos gente formada en las filas para sufragar.

Las campañas y las votaciones son ridículamente caras en un país en donde más de la mitad de la población muere de hambre y en un Veracruz en donde se le paga un promedio de seis mil pesos mensuales a quienes consiguen egresar de las universidades.

Vayamos o no a votar, perdemos dinero y mantenemos emporios partidistas que viven de nuestros impuestos. Las instancias electorales nos dicen que eso es la democracia. Me cuesta trabajo creerlo.

En México, la lucha por el voto femenino se logró gracias a las feministas, esas exageradas de siempre que piden lo imposible. Fueron décadas de descalificación, trabajo arduo y de toparse con pared.

Hoy la historia oficial las torna invisibles, pero lo cierto es que ellas pedían lo imposible y lo ridículo: que las mujeres pudieran emitir su voto en una urna, que también pudieran ocupar un cargo de elección popular, que se les dejara trabajar a favor de la población, de la nación. ¿Hasta dónde ha llegado esa solicitud imposible?

Mucho se ha caminado desde 1953 a la fecha. Tras cada elección, aquellas que conformamos el padrón electoral exhibimos nuestro pulgar tintado después de pasar por la casilla que nos corresponde. Pocos brazos femeninos se alzan en señal de triunfo al contender por un cargo.

Lo cierto es que no sé qué pensarían Elvia Carrillo Puerto o Elena Arizmendi, aquellas feministas de inicios del siglo XX que tanto lucharon por conseguir que las mexicanas votaran. Si supieran cómo votamos y cómo ejercen poder las legisladoras, presidentas municipales, gobernadoras, síndicas y demás funcionarías elegidas en los procesos electorales, tal vez se quedarían perplejas.

Diputadas votando en contra de los derechos de sus conciudadanas o argumentando que solo respetan algunos de sus derechos, pero no todos. Tomándose bastante a la ligera eso de la laicidad del Estado y reproducen las prácticas de siempre porque es lo que supuestamente se debe hacer.

La autocrítica nos vendría bien cuando de conmemorar el sufragio femenino se trata. Bien es cierto que fue un logro justo e histórico, pero ¿qué hemos hecho con él? ¿Reproducir prácticas clientelares? ¿Agraviar los derechos de las ciudadanas? ¿Dormirnos en la apatía antes de construir otras maneras de hacer política?

La autocrítica seria no peca, pero incomoda. Ya veremos qué pasa en 2018.

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