Día de las madres en un contexto de pobreza e inseguridad

Día de las madres en un contexto de pobreza e inseguridad

Pbro. José Juan Sánchez Jácome

El amor de una madre que muchas veces se pone a prueba ante la lejanía e ingratitud de los hijos, en estos tiempos prácticamente se está cimbrando por el sufrimiento y el luto que han llegado hasta sus propios hogares, ante la inseguridad y violencia que siguen golpeando la vida de los veracruzanos.

No podemos pasar por alto la crítica situación que viven nuestras familias ante los casos de personas desaparecidas, secuestradas y ejecutadas. Por tanto, cómo se puede celebrar el día de las madres desconociendo la tristeza y el luto que han dejado en su corazón la desaparición o el asesinato de sus hijos, de sus hermanos y de sus esposos; cómo celebrar a las mamás ante el sufrimiento y la angustia que les causa el camino fácil que están tomando sus hijos o sus esposos, por diferentes descuidos o porque han sido obligados y amenazados.

Será un 10 de mayo sombrío para miles de hogares veracruzanos que no han mejorado su situación económica, para miles de familias veracruzanas que viven en la angustia y en el miedo por todo lo que está pasando en nuestros pueblos y ciudades, para miles de familias que han sido golpeadas por el asesinato y desaparición de sus seres queridos.

El reto ante la descomposición social, la crisis económica y la violencia es ingente, por lo que este momento crítico de nuestra historia reclama el mayor compromiso de parte de todas las fuerzas sociales.

Por respeto a las víctimas de la violencia, por respeto a la gente que está de luto, por respeto a los que están sufriendo, por respeto a los que viven en la angustia y por respeto a los que no merecen vivir en la miseria, no podemos actuar por debajo de nuestras responsabilidades, no podemos actuar simplemente para ambicionar el poder, un puesto y conservar privilegios, cuando lo que está urgiendo en este momento nuestro pueblo es la reconstrucción del país, la superación de la corrupción y la conjunción de fuerzas ante un reto colosal como el que enfrentamos.

Desde luego que hay mucho que celebrar, hay que celebrar el amor puro de una madre, hay que celebrar el milagro de la unidad que provoca una madre. Pero no podemos soslayar que su amor está siendo puesto a prueba por las irrupciones desalmadas de la violencia y por el insultante problema de la pobreza generalizada.

No olvidemos hacer oración por las mamás enfermas y ancianas; por las mamás que sufren por las injusticias, la pobreza y la inseguridad; por las mamás de los migrantes; por las mamás que no están con sus hijos; por las mamás abandonadas e incomprendidas; por las que han tenido que emigrar para buscar mejores horizontes para sus familias; por las que se esfuerzan todos los días para formar a sus familias y para luchar por México; por las que siguen teniendo el coraje y la generosidad para dar la vida a pesar de muchas adversidades e ideologías; por las que siguen confiando plenamente en Dios a ejemplo de la Santísima Virgen María que vivió con alegría y convicción su propia vocación de amor, servicio y entrega en la vida. Elevemos también una plegaria por las mamás que ya están gozando de la patria celestial y que dejaron una profunda huella en nuestra vida.

A pesar de este contexto socio-cultural adverso hay mucho que celebrar. Una amiga así me expresaba su alegría por ser madre y mujer:

“Estoy segura que en ningún momento se es más plenamente femenina, que cuando se es madre, y que no hay nada más humillante para la mujer que quitarle o desvalorizar su maternidad, potencia y atributo divino. Por eso, aquella “razón” feminista que busca reivindicar a la mujer a través del rechazo de su maternidad es una mentira que la degrada ya que Dios, en nuestra naturaleza, nos concedió parte de su propia divinidad y la asoció a la nuestra, nos regaló el tesoro de gestar, dar a luz, educar y derrochar ternura divina a nuestro paso”.

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