Francisco, el Papa de la misericordia

Francisco, el Papa de la misericordia

Pbro. José Manuel Suazo Reyes

El pasado 13 de marzo de 2015 se cumplieron dos años del pontificado del Papa Francisco. Cómo no recordar aquella noche en la Plaza de San Pedro en la que vibramos al escuchar esta hermosa noticia: Habemus Papam. Se trataba del cardenal Jorge Mario Bergoglio, de origen latinoamericano, llamado a la sede de Pedro desde un país lejano para ser el Obispo de Roma y dirigir la Iglesia católica. En su breve alocución de entonces, «… comenzamos este camino: Obispo y pueblo… Un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Recemos por todo el mundo, para que haya una gran fraternidad», y en los signos con los que se presentó se esbozaron algunos de los rasgos con los que hoy es conocido en el mundo entero.

Uno de los temas preferidos en sus predicaciones, mensajes y gestos, ha sido sin duda el de la misericordia divina. El Papa Francisco recuerda constantemente al mundo que tenemos necesidad de este amor misericordioso de Dios. ¡Dios perdona siempre! Ha repetido infinidad de veces en todos los lugares donde se ha presentado. Somos nosotros los que muchas veces nos resistimos a vivir este amor de Dios. La misericordia de Dios es fuente de alegría, de perdón y de reconciliación. La misericordia de Dios nos libera del egoísmo y nos hace semejantes a él. Dios nos ha mostrado este amor misericordioso, enviándonos a su Hijo Jesucristo como nos dice el evangelista San Juan «De tal manera amó Dios al mundo que nos entregó a su propio hijo para que todo el que crea en él, tenga vida eterna» (Jn 3, 16).

La misericordia proviene del amor de dios; Dios es amor (1 Jn 4, 8); este amor de Dios, consiste «No en que hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados (1 Jn 4, 10). «Dios nos amó, aún cuando éramos pecadores» (Rom 5, 8). Dios nos demostró su amor, enviándonos a su propio Hijo para salvarnos. La revelación suprema del amor de Dios se ha manifestado en el sacrificio de la cruz.

Dios sigue buscando pecadores porque nos quiere salvar. Actualmente él se aproxima a nosotros por medio de los sacramentos en la Iglesia; a través de ellos él nos muestra su ternura y su misericordia; «los sacramentos son el modo concreto como Dios sale a nuestro encuentro, para abrazarnos, sin avergonzarse de nosotros y de nuestro límites… Sin duda, entre los sacramentos, el de la reconciliación, es el que mejor hace visible el rostro misericordioso de Dios» (Papa Francisco a los participantes en el curso anual del Foro Interno de la Penitenciaría Apostólica).

Ahora precisamente en el segundo aniversario de su elección como sucesor de Pedro y dentro de una liturgia penitencial en la Basílica de San Pedro, el Papa Francisco anunció un Año Santo de la Misericordia. «He decidido convocar un Jubileo extraordinario que tenga en el centro la misericordia de Dios. Será un año santo de la misericordia». La propuesta del papa es vivirlo a la luz de la Palabra del Señor: «Sed misericordiosos como el Padre» (cf. Lc 6, 36). Y por eso a todos los confesores el Papa Francisco lanzó ya una exhortación ¡mucha misericordia!

Este Año Santo iniciará el próximo 6 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada Concepción y se concluirá el 20 de noviembre de 2016, domingo de Nuestro Señor Jesucristo Rey del universo y rostro vivo de la misericordia del Padre. El Jubileo será organizado por el Consejo pontificio para la promoción de la nueva evangelización, para que pueda animarlo como una nueva etapa del camino de la Iglesia en su misión de llevar a cada persona el Evangelio de la misericordia.

«Toda la Iglesia tiene una gran necesidad de recibir misericordia, porque somos pecadores», dijo el Papa. En este Jubileo se podrá encontrar la alegría de la misericordia de Dios, con la cual todos estamos llamados a dar consuelo a cada hombre y a cada mujer de nuestro tiempo. «No olvidemos que Dios perdona todo, y Dios perdona siempre. No nos cansemos de pedir perdón» (Papa Francisco).

A través del Año Santo de la Misericordia, se pretende recordar a todo el mundo que Dios ama a todas las personas, las ama con un amor increíble, un amor paciente y misericordioso, un amor absolutamente gratuito; un amor que desea la salvación y la vida eterna para todos sus hijos. Dependerá de la persona si acoge o rechaza este amor divino. Dios no desea condenar a nadie; es el ser humano quien puede cerrarse las puertas de la salvación. Es el ser humano quien se condena a sí mismo cuando rechaza la luz y el amor de Dios y prefiere las tinieblas del error y del pecado (15/03/2015).

(El Pbro. José Manuel Suazo Reyes es el Director de la Oficina de Comunicación Social de la Arquidiócesis de Xalapa.)

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