Justicia es también restituir los bienes espirituales que se le arrebatan a un pueblo

Justicia es también restituir los bienes
espirituales que se le arrebatan a un pueblo

Pbro. José Juan Sánchez Jácome

Formamos parte de un país que ha sido bendecido por su gente; por sus grandes riquezas naturales; por su cultura que siempre genera admiración, aprecio e interés por conocerla; por sus pueblos que siguen conservando el alma más bella y rescatable de México y del mexicano.

Cuánto deseamos que esta imagen llegue a recuperarse como el principal concepto de México, en un tiempo en el que se ha venido una oleada imparable de violencia e inseguridad que está estrechamente relacionada con la injusticia, la marginación, la desigualdad, la pobreza y sobre todo con la corrupción. Las cosas han llegado a tal grado que se siente la asfixia, el miedo, la desesperación y la impotencia ante esta realidad inhumana y sanguinaria que nos acecha constantemente.

En medio de la desesperación y la tragedia que enfrentan muchas familias y pueblos enteros, las estructuras e instituciones de gobierno intentan reaccionar tratando de comprometerse y buscando la credibilidad, siendo conscientes de cómo ha quedado comprometida su imagen después de los casos de corrupción en los que se han visto involucrados algunos servidores públicos.

Por su parte, en la sociedad se sigue mostrando la indignación a través de protestas y manifestaciones que exigen justicia y un auténtico compromiso de parte de los gobernantes. Estas protestas, además de mostrar la indignación de todo un pueblo, también están provocando la participación de todos para comenzar a poner las bases del país que añoramos y que queremos arrebatarle a la corrupción, la injusticia y la violencia.

Decía recientemente Juan Manuel de Prada, que el camino para combatir la corrupción tiene que comenzar por restituir a la sociedad los bienes morales y eternos que le han sido arrebatados. Justicia es también restituir los bienes espirituales que se le arrebatan a un pueblo.

Se le ha venido arrebatando a nuestro pueblo su cultura y su espíritu, imponiendo corrientes de pensamiento e ideologías centradas en el materialismo, el hedonismo y el relativismo. A través del colonialismo cultural se ha arrebatado el concepto de libertad, el concepto de dignidad humana, el concepto de la vida como don de Dios, el concepto de la maternidad, el concepto fundamental de la familia, el concepto de comunidad, el concepto del respeto y atención a los ancianos, el concepto de abnegación, el concepto de sacrificio, el concepto de atención y cuidado de los enfermos, etc.

Se han arrebatado bases fundamentales de la existencia que brindan equilibrio, fraternidad, justicia y paz a las relaciones humanas. Nos hemos equivocado con la legalización del aborto, con la imposición despiadada de las reglas del mercado, con el ejercicio prepotente de la autoridad, con la implantación de una cultura que promueve la vanidad y el hedonismo a través sobre todo de las televisoras.

Pensamos que mentir y burlarse de todo era parte de la modernidad y así nos fuimos vaciando de espiritualidad e instrumentalizando al ser humano. Pensamos que la clase de civismo no era necesaria, que la clase de religión atentaba contra el estado laico, así como la difusión del pensamiento cristiano en los medios de comunicación.

Decidimos expulsar a Dios de las leyes, de la política, de la cultura, de la economía, de los medios de comunicación y ahora que la situación ha llegado a tal extremo casi instintivamente queremos reclamarle, cuando conscientemente lo hemos expulsado. El estado laico no será la solución a nuestros problemas sobre todo si adolece de bases morales objetivas que representen un fundamento sólido para nuestro país.

En esto tenemos que comenzar a reconocer el origen de nuestros males pues arrebatando al pueblo los bienes espirituales y eternos se ha provocado la descomposición del tejido social en donde las personas, para alcanzar sus intereses, no se detienen a valorar el carácter sagrado de la vida ni la dignidad humana, pues las injusticias, la corrupción y la ideología dominante están desfigurando la ética y la consciencia.

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