La Candelaria y la Vida Consagrada

La Candelaria y la Vida Consagrada

Pbro. José Manuel Suazo Reyes

El 2 de febrero la liturgia cristiana celebra la Fiesta de la Presentación del Señor. San Lucas nos narra este episodio al comienzo de su evangelio (Lc 2, 22-40). Cuarenta días después del nacimiento de Jesús, María y José fueron al templo de Jerusalén para ofrecer al niño al Señor y rescatarlo mediante un sacrificio (cfr. Lc 2, 22-24).

El evangelista San Lucas subraya la observancia de María y José a la ley del Señor respecto de la prescripción después del parto de un primogénito varón. El libro del Levítico ordenaba que toda mujer debía presentarse en el templo para purificarse a los cuarenta días que hubiese dado a luz. Si el hijo era un varón, se circuncidaba a los ocho días y la madre permanecía en su casa hasta que se cumpliera el plazo. Una vez pasado el tiempo acudía al templo en compañía de su esposo para llevar una ofrenda: un cordero y una paloma o tórtola. Si la mujer era pobre podía ofrecer dos tórtolas o dos pichones (cf. Lev 12, 1-8). San Lucas precisa que María y José ofrecieron el sacrificio de los pobres (cf. Lc 2, 24) para evidenciar que Jesús nació en una familia de gente sencilla, humilde pero muy creyente. Con respecto al niño, todo primogénito debía ser consagrado al Señor en recuerdo de los primogénitos de Egipto que Dios había salvado. Al entrar al templo, el anciano Simeón, movido por el Espíritu Santo, tomó en brazos a Jesús y lo bendijo diciendo que Él sería la luz que iluminaría a los gentiles.

La Fiesta de la Presentación del Señor es una fiesta antiquísima de origen oriental. La Iglesia de Jerusalén la celebraba ya en el siglo IV según el testimonio de la Peregrina Eteria que cuenta esto en su famoso diario. Desde Jerusalén la fiesta se propagó a otras iglesias de Oriente y de Occidente.

El día 2 de febrero de cada año se recuerda esta presentación del Niño Jesús al templo, llevando a alguna imagen del Niño Dios a presentar a la iglesia o parroquia. También ese día se recuerdan las palabras de Simeón llevando candelas o velas a bendecir, las cuales simbolizan a Jesús como luz de todos los hombres. Esto explica el hecho de que la Fiesta de la Presentación del Señor, sea también conocida como «Fiesta de las candelas» o el «Día de la Candelaria». Cristo es la Luz que ha venido a este mundo para iluminarnos. Encender las velas en el templo o en nuestros hogares, es encender la luz de la fe en Cristo que ha vencido las tinieblas con su resurrección.

El 2 de febrero, se celebra, además, la Jornada de la Vida Consagrada. La presentación-consagración que hacen María y José del niño Jesús constituye un modelo para todos los consagrados. Desde este punto de vista, la Fiesta de la Presentación del Señor es la fiesta de la consagración: consagración de Cristo, consagración de María, consagración de todos los que siguen a Jesús por amor al reino de Dios.

La Jornada de la vida consagrada «quiere responder a la exigencia de alabar y dar gracias al Señor por el don de este estado de vida, que pertenece a la santidad de la Iglesia». En este sentido todos los bautizados hemos sido consagrados a Dios, por lo tanto la consagración forma parte de nuestro ser cristiano y la Presentación del Señor es la fiesta de todos los bautizados. Como Iglesia, en el día de la Presentación del Señor o Candelaria, oramos por cada persona consagrada. Damos gracias a Dios por el don de esta vocación, por el hermoso regalo de la consagración. La Jornada de la vida consagrada «quiere valorar cada vez más el testimonio de quienes han elegido seguir a Cristo mediante la práctica de los consejos evangélicos promoviendo el conocimiento y la estima de la vida consagrada en el seno del pueblo de Dios». Aquí entran las religiosas y religiosos presentes en la vida de la Iglesia. La Jornada de la Vida Consagrada es además una hermosa ocasión para renovar los propósitos y reavivar los sentimientos que han inspirado e inspiran la entrega de todos los consagrados y consagradas. La Fiesta de la Presentación del Señor o Candelaria es una bellísima ocasión para renovar nuestra consagración a Dios.

Tenemos presente además que el Papa Francisco nos ha convocado este año a celebrar el Año de la vida Consagrada, éste empezó el 30 de noviembre de 2014 y se concluirá el 2 de febrero de 2016. Nuestra Iglesia de Xalapa goza de la presencia de muchas hermanas y hermanos consagrados que con su entrega y testimonio de vida están dando una gran contribución en la construcción del reino de Dios; son más de 35 comunidades, religiosas, femeninas y masculinas; la vida consagrada es un nuestra arquidiócesis un regalo de Dios, un hermoso signo de comunión eclesial, una bendición pastoral y una muestra permanente de dedicación, entrega, consagración y amor a la Iglesia (01/02/2015).

(El Pbro. José Manuel Suazo Reyes es el Director de la Oficina de Comunicación Social de la Arquidiócesis de Xalapa.)

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