La conversión es también la urgencia de un cambio de rumbo en la sociedad

La conversión es también la urgencia
de un cambio de rumbo en la sociedad

Pbro. José Juan Sánchez Jácome

La Palabra de Dios siempre resulta muy oportuna, viene en el momento indicado e ilumina las diversas situaciones que enfrentamos. ¡Cuánto se aprecia el consuelo que la Palabra de Dios ofrece estos días! ¡Cuánto se agradece el llamado a la esperanza en un tiempo de desesperanza!

Además de estos temas íntimamente ligados al tiempo del Adviento, la Palabra también resulta muy oportuna en lo que respecta al llamado que se hace a la conversión. ¡Cuánto se agradece una palabra con carácter, como la de los profetas, que nos llama a un arrepentimiento sincero! Dios no se conforma con la vida que llevamos y por eso constantemente nos hace un llamado a un cambio verdadero. La misma realidad de miseria, violencia, corrupción e injusticias que vivimos hace surgir un grito desesperado de cambio, renovación ¡Basta ya!

Cuando nos llega la luz y la ternura que irradia la Palabra de Dios, quedan al descubierto nuestras manchas e inconsistencias. La misma revelación del amor de Dios no nos deja indiferentes sino que nos lleva a enderezar tantos caminos torcidos. Además de la urgente necesidad de un cambio personal, porque reconocemos que hay tanto que reparar en nuestra vida, también se constata la urgencia de un cambio de rumbo en la sociedad.

El llamado a la conversión abarca a la persona y a la misma sociedad. Necesitamos enderezar los caminos torcidos de la moral y de la misma religiosidad. Pero seguirá siendo una conversión parcial mientras no se enderecen las estructuras políticas y económicas que siguen generando injusticias y desigualdades, provocando un panorama sombrío y desalentador.

Por eso, se agradece una voz fuerte y con autoridad moral, como la de los profetas, que tiene la capacidad de no ahorrarse nada cuando se trata de hablar en nombre de Dios para señalar las situaciones que degradan al hombre y que lo mantienen sometido a una vida indigna de su condición de hijo de Dios.

Es una bendición que el pueblo de Dios tenga sus profetas, que nunca le falten estos testigos. Necesitamos profetas que señalen el camino y que animen a la gente, sobre todo cuando se pierde la esperanza. Necesitamos profetas que nos ayuden a vislumbrar un mundo mejor más allá de los sufrimientos y de las injusticias que constatamos en nuestra sociedad.

Necesitamos profetas que denuncien nuestro pecado y que nos señalen nuestro mal proceder, frente a un mundo donde parece que todo está permitido y donde las cosas se resuelven simplemente acudiendo a una libertad mal entendida. Profetas que nos digan nuestras verdades en el nombre de Dios y nos insistan en la necesidad de una conversión, porque estamos desaprovechando nuestra vida y porque Dios viene a nosotros.

Hace falta tener mucha apertura para escuchar el anuncio de los profetas, para levantarnos de nuestros desánimos, para volver a creer en Dios y para volver a creer en que es posible un futuro mejor, y un cambio auténtico en nuestra vida porque esta esperanza está basada en la providencia de Dios que nunca nos ha dejado solos.

Los cristianos no podemos ser negativos ni pesimistas, porque recibimos una Palabra que anuncia un futuro mejor. Así como debemos anunciar la llegada de un futuro mejor, también tenemos que llenarnos de la Palabra de Dios para no quedarnos callados ante las injusticias de este mundo, ante los errores y los pecados de los demás (17/12/2014).

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