La semana más importante del año litúrgico

La semana más importante del año litúrgico

Pbro. José Manuel Suazo Reyes

Iniciamos junto con toda la Iglesia Católica la Semana Santa, celebramos los misterios de nuestra redención, los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. La liturgia de la Palabra del domingo de ramos o domingo de la pasión, se desarrolla en dos momentos importantes, a saber: la conmemoración de la entrada triunfal de Jesús a la ciudad santa y la lectura de la Pasión de Jesús.

La entrada triunfal de Jesús a la ciudad santa, la conmemoramos con la escucha del Evangelio de San Marcos 11, 1-10. Jesús entra a Jerusalén montado en un burro y las multitudes lo aclaman con cantos de júbilo, expresiones mesiánicas y palmas en las manos. También los bautizados, luego de escuchar la Palabra de Dios, caminamos entonando cánticos y batiendo las palmas para dar gloria a Cristo como nuestro rey.

La contemplación de la Pasión de Jesús la hacemos con la óptica de San Marcos 14, 1-15, 47. Cristo se anonadó a sí mismo, se hizo semejante a los hombres y se humilló con la muerte. Se presentan los momentos finales de la vida de Jesús: la unción de Jesús en Betania, la cena de pascua en Jerusalén, la oración en el huerto, el abandono de los discípulos, la aprehensión de Jesús, la condenación a muerte, los insultos y salivazos, la negación de Pedro, el camino al calvario, su crucifixión y su muerte.

Desde el punto de vista religioso, esta doble realidad expresada en la liturgia del domingo de ramos con los signos de la aceptación y el rechazo, la luz y las sombras, la vida y la muerte es como un reflejo de la vida cristiana, es la historia de cada creyente. También nosotros por nuestro bautismo hemos pasado de la muerte a la vida, del pecado a la gracia y de las tinieblas a la luz. La aclamación y el reconocimiento de Jesús como nuestro rey de salvación la hacemos cuando experimentamos la misericordia de Dios; cuando nos dejamos tocar por el misterio de Dios y cuando tratamos de hacer la voluntad de nuestro creador; pero también las experiencias del pecado nos llevan a la negación de Dios, al abandono de los principios evangélicos y a la idolatría de las creaturas. El pecado nos desorienta, nos roba a Dios, nos hunde en nuestro egoísmo y nos aleja del bien. La gracia en cambio, nos devuelve la alegría cristiana, nos da la comunión con Dios y nos impulsa a serle fieles al Señor, en medio de los vaivenes de la vida.

Socialmente hablando, la entrada triunfal de Jesús y la meditación de su pasión nos permiten reconocer qué sucede en la vida humana cuando el hombre se cierra en sí mismo y en su propio mundo de intereses mezquinos. ¿Cuál es el resultado de vivir en las sombras de la muerte y en las tinieblas?

Cuando abrimos las puertas de nuestra vida a Dios, existe una alegría desbordante, se reconoce a Dios como Señor de la historia cuya Palabra nos orienta a practicar lo que San Juan XXIII llamaba «los pilares de la paz», a saber la verdad, la justicia, la libertad y la caridad; la apertura a Dios nos lleva a vivir la autoridad como servicio a los demás para buscar el bien común y tratar de aliviar las penas de los otros. Cuando se cierran las puertas a Dios en cambio, se muestran los signos de la muerte, del egoísmo y de la brutalidad inhumana que siembran terror y desconfianza, que matan los sueños y ahogan la esperanza. El rechazo de Dios conduce a la ambición desmedida, lleva a la destrucción de los inocentes, a la corrupción que roba el pan de los demás. El olvido de Dios conduce a practicar la mentira casi en forma desvergonzada y cínica, lleva al atropello de los derechos de los demás y a la práctica de la violencia.

Con la celebración del domingo de ramos nos introducimos en la Semana más importante del año litúrgico, nos acercamos al tiempo de Dios, su proyecto salvífico que nos ha traído la salvación. Dios desea entrar también en nuestra vida para gobernar nuestro corazón y hacer de nuestra vida una morada de Dios (29/03/2015).

(El Pbro. José Manuel Suazo Reyes es el Director de Comunicación Social de la Arquidiócesis de Xalapa.)

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