Las Misses

Pilar Ramirez

La política en tacones 

Pilar Ramírez

¿Cuántas veces habremos criticado severamente las feministas los concursos de belleza por ser símbolo inequívoco del concepto de cosificación de la mujer? El espectáculo por excelencia que presentaba a las mujeres como objeto, pero no sólo eso, como el objeto sujeto a escrutinio para ver si cumplía con los atributos de belleza socialmente aceptados y el que las presentaba con la imagen tradicional de “bonita y tonta”, porque ganaban por sus atributos físicos, pues cuando debían hablar, los discursos generalmente eran frívolos, tan frívolos como se esperan de una mujer bella. Quizá todavía es así y seguirá siendo por mucho tiempo.

Pero ahora Perú dio la nota al darse a conocer que en el concurso Miss Perú, las participantes, en el momento en que debían dar sus medidas, lo que dieron fue la medida de la violencia contra las mujeres en su país. Cuántos feminicidios, cuántas agresiones, el porcentaje de víctimas de acoso callejero, cada cuánto se produce la muerte de una niña a consecuencia de la explotación sexual. Así, con lo que dijeron las concursantes se fue dando un panorama de la violencia contra las mujeres que en Perú, como en casi todos los países, es lastimoso y vergonzante por las cifras altísimas.

Después, cuando las chicas que buscan el título Miss Perú salieron en traje de baño, tuvieron como fondo imágenes periodísticas de la violencia en distintos ámbitos: feminicida, agresión física, notas sobre abuso de menores y otras.

No faltará quien vea en esta variante del concurso la intención de aprovechar la violencia contra las mujeres para convertirla en espectáculo. Puede ser, porque esta idea dio de qué hablar en el mundo y sin duda resultó una idea de producción exitosa, pero lo que no podemos negar es que este tipo de certámenes tienen mucho rating y si se pudo aprovechar el foro para visibilizar la terrible situación de la violencia hacia las mujeres, eso abona a favor de la causa.

En una ocasión escuché a un artista cubano lamentar que los videoclips, que tuvieron mucho éxito durante algún tiempo, estuviesen prácticamente

prohibidos en la isla, porque se les consideraba un producto del imperialismo utilizado para ideologizar a las masas. Decía, con toda la razón, que la prohibición lo que hacía era otorgarles el monopolio del género porque impedía explorar otros usos de él.

Cuanta mayor libertad creativa haya, más posibilidades de utilizar los medios y sus géneros para causas más dignas, pero eso sólo se puede hacer con libertad para explorar, para probar y crear nuevos públicos.

Mucha gente no sabe que ha escuchado más música de la llamada “clásica”, que es la música europea de concierto, de lo que puede identificar, porque la ha oído en los dibujos animados que han utilizado una gran cantidad de piezas de ese género.

Puedo decir, en lo personal, que no tengo el menor gusto por el reggaetón y que me he permitido en este mismo espacio ser muy crítica con algunas de las piezas que canta el colombiano Maluma, pero nunca se me hubiera ocurrido que lo prohibieran, como acaba de ocurrir en Cuba con su pieza “Felices los cuatro” porque incita al sexo en grupo. Las prohibiciones, en general, no tienen finales felices y muestran la peor cara de la humanidad siempre que se usa de ellas.

El siguiente concurso de belleza quizá será tan tradicional como todos, pues nadie quiere, ni es aconsejable, repetir una propuesta como la de la productora de la transmisión de Miss Perú, Jessica Newton, pero mostró que las posibilidades creativas para exhibir los problemas sociales pueden ser muchas.

Bien por la producción y por las concursantes a Miss Perú. Cualquier manifestación que dé a conocer la situación de las mujeres, que sea creativa, que permita ganar calle a este discurso en pro de los derechos de las mujeres, como el tan elemental de vivir sin golpes, abusos o asesinatos es bienvenida.

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