Las víctimas del robo de identidad en México

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Las víctimas del robo de identidad en México

Por Toño Reyes

¿Alguna vez se ha preguntado qué tanto riesgo corre de ser víctima de un robo de identidad? En realidad para serlo sólo basta ser mayor de edad y contar con una credencial para votar. Viéndolo desde ese punto de vista, todos los ciudadanos estamos expuestos a esta situación.

En términos económicos, no importa si cuenta con un crédito activo o jamás haya requerido alguno, usted puede aparecer como deudor en el Buró de Crédito a causa de este delito, aunque argumente y compruebe que no ha tenido ningún tipo de ingresos que lo motivara a comprometerse al momento de la aprobación de la solicitud que se le señala y desconoce, por ejemplo estando desempleado o siendo estudiante.

Wikipedia define esta circunstancia de la siguiente forma: “El robo de identidad o usurpación de identidad es la apropiación de la identidad de una persona: hacerse pasar por esa persona, asumir su identidad ante otras personas en público o en privado, en general para acceder a ciertos recursos o la obtención de créditos y otros beneficios en nombre de esa persona”.

Tanto para quienes ya contamos con historial crediticio, como para los que no, nos es difícil detectar que ya hemos sido afectados, porque no tenemos la costumbre de consultar nuestro estatus sino hasta que realizamos un trámite para acceder a un préstamo, hacer una compra a crédito o al presentar una aplicación para obtener una tarjeta bancaria; es entonces cuando nos preocupamos y nos preguntamos “por qué a mí”. En ese sentido, un estudio de la firma de seguridad CCP publicado en CNN demostró que el 43% de los usuarios de servicios financieros en México no revisa con regularidad sus estados de cuenta.

La manera en que los delincuentes obtienen nuestra información personal sin consentimiento puede suceder de varias formas, las más comunes son por internet a través de supuestas encuestas y promociones, por teléfono para recibir beneficios o participar en concursos, por mensajes de texto en teléfonos celulares para reclamar premios, personalmente en los stands comerciales al permitir sacarle una copia a la credencial del IFE, o simplemente al extraviar el bolso o la cartera. En todos los casos siempre se exponen datos como nombre completo, fecha de nacimiento, dirección y firma.

Al tener en su poder nuestros generales, los usurpadores podrán comprar o contratar todo tipo de productos y servicios a nuestro nombre, por eso el tráfico de datos es un negocio ilegal que deja grandes ganancias, debido a que nunca faltarán los empleados corruptos de cualquier empresa que los usen para lo que se les ocurra. Para muestra este botón:

Hace poco más de un año me percaté que tenía una mala nota en el sistema del Buró de Crédito por incumplir un contrato con Radiomóvil Dipsa (Telcel), por lo que acudí a un centro de atención a clientes para solicitar por escrito su rectificación, toda vez que yo nunca había tenido un plan con ellos de ningún tipo. De forma muy indiferente rechazaron mi petición, por lo que acudí a la siguiente instancia, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), en donde la empresa continuó negándose a eliminar de mi registro personal el antecedente, y no sólo eso, sino que también mostró un contrato apócrifo firmado por mí, acompañado de una copia de mi credencial de elector.

Al verificarlo detalladamente, noté que quien lo llenó manifestó que yo era empleado público y proporcionó un número telefónico de la oficina correspondiente, citó referencias con domicilio y número de teléfono fijo, así como mi copia de identificación oficial, pero sin comprobante de domicilio.

Para mi sorpresa se trataba de mi primera identificación que había vencido en 2008, mientras que el contrato se había realizado en 2011, y la dirección mencionada en el documento no coincidía con la mía, además de que la firma había sido malhecha y las supuestas referencias desde luego que no las conocía, así que tras desahogar pruebas, el despacho terminó aceptando que los habían timado otras personas, catorce meses después.

Al consultar con los expertos para determinar cómo tenía que proceder ahora, me comentaron que este tipo de fraudes son muy comunes porque no cualquiera agota los recursos para defenderse, que quienes se dedican a ello sólo necesitan una copia de la identificación oficial la cual pueden encontrar hasta en la basura, pagar depósitos o fianzas en efectivo (lo común es dejar una tarjeta de crédito en garantía), y estar de acuerdo con un grupo de personas para que respondan de acuerdo a lo expresado en la solicitud en cuanto les llamen de México para la investigación, requisito obligatorio para la autorización, todo en complicidad con los distribuidores locales.

Por eso es importante que al extraviar cualquier tipo de documentación de uso personal se levante un acta que certifique los hechos ante un Ministerio Público, para protegerse contra su uso indebido, no bastando nada más cancelar las tarjetas, ya que tan sólo este año la Condusef informó que de las 2.7 millones de quejas relativas a tarjetas de crédito, 1.9 millones fueron por fraudes.

En los días por venir, el Buró de Crédito ofrecerá la posibilidad a los usuarios de servicios financieros protegerse ante el robo de identidad bloqueando, a petición del interesado, por tres meses las consultas a su historial crediticio para evitar que se abra un nuevo financiamiento a su nombre, en caso de haber perdido o que le hayan robado su documentación, mientras tanto piénsele dos veces antes de proporcionar cualquier información, no se imagina las vueltas que hay que dar para solucionar estos conflictos.

@kunoreyes

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