Moscú 83 (2)

Sergio González Levet

Sin tacto

Por Sergio González Levet

​Lo pondré aquí tal cual, aunque habrá muchos que no lo crean: la ruidosa alarma de la que me ocupé en la entrega de ayer, ubicada en el número 83 de la avenida Moscú, en el exclusivo Fraccionamiento Montemagno, estuvo sonando desde las 9 de la mañana y no paró sino hasta las 00:09 hs., sí, las 12 de la noche con 9 minutos, es decir, unas 15 horas corridas e ininterrumpidas de una tortura auditiva que no se le desea ni hasta al peor enemigo… vaya, ni hasta al depredador Javier Duarte y a sus cómplices… bueno, no, o sí, pero esa es otra historia.
​Se sabe que varios vecinos sufrieron crisis nerviosas por el sonido traqueteante en que terminó convertido el suplicio sonoro, y muchos de ellos se preguntan cómo es posible que la autoridad no tenga leyes a la mano para evitar este tipo de tragedias del ruido. Porque es el caso que nadie atinó a ofrecer una solución desde el área gubernamental, ni del estado ni del municipio.
​El Bando de Policía y Gobierno del Ayuntamiento de Xalapa ha normado al respecto y dice en su Artículo 51 que “Son infracciones que atentan contra el equilibrio ecológico y el medio ambiente:”
​“VII.- Causar ruidos o sonidos que molesten, perjudiquen o afecten la tranquilidad de la comunidad. Igualmente aquellos producidos por estéreos, radios, radio- grabadoras, instrumentos musicales o aparatos de sonido que excedan el nivel de 65 decibeles, de las 6:00 a las 22:00 horas, y de 60 decibeles, de las 22:00 a las 6:00 horas del día siguiente”.
​Pero nadie en el Gobierno del Estado y en la comuna supo qué hacer ante la insistencia de infinidad de afectados que estuvieron llamando a muchos teléfonos de emergencia inútiles: el 911, el de la Secretaría de Seguridad Pública, el de la Secretaría de Gobierno, el de la Secretaría de Protección Civil, y en el Ayuntamiento de Xalapa, el de protección civil municipal y hasta el de una regidora que resultó tener solamente la Comisión de parques y jardines, pero amablemente respondió a la llamada.
​Bien podría el entrante alcalde Hipólito Rodríguez, tan lleno de inteligentes intenciones, sumar a sus propósitos el de instaurar un protocolo que permita a policías entrar a domicilios privados o a vehículos para apagar las alarmas inconvenientes.
​Los vecinos de Montemagno no pueden creer que les haya ocurrido esa tortura de 15 horas, y esperan que cuando menos los culpables reciban una sanción de parte de la comuna. Un habitante indignado llegó a proponer que todos los colonos se unieran, sacaran a los propietarios de la vivienda estruendosa, los encueraran, los llenaran de chapopote y plumas, y así fueran paseados en sendos burros hasta el centro de la ciudad. La verdad es que a la mayoría de los que oyeron la propuesta se les hizo bastante buena la idea que, para resguardo de nuestra tradición de ciudad culta, quedó en el rango de la intención.
​Pasado ese día atronador, quedó en el ambiente el grado de indefensión en que estamos los ciudadanos ante autoridades o legislaciones omisas, que terminan permitiendo cualquier transgresión a la tranquilidad pública.
​En lugar de andar saltando de un grupo legislativo a otro, nuestros diputados locales podrían entretenerse buscando solución a esta falta de las leyes.
​En verdad que se los reconoceríamos.
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