Mujeres inocentes, víctimas del sistema penal mexicano sin derecho a justicia


Mujeres inocentes, víctimas del sistema penal mexicano sin derecho a justicia

 Por: Antonio Reyes

 Debido a la ceguera y la corrupción del modelo penal del que son víctimas los familiares de la población interna de los reclusorios mexicanos, el empobrecimiento y el deterioro de su salud son consecuencias a las que comúnmente se enfrentan quienes viven esta situación, principalmente las mujeres.

Lo anterior se da a conocer en un estudio sobre las prisiones en México desde una perspectiva de género, “LAS MUJERES INVISIBLES: LOS VERDADEROS COSTOS DE LA PRISIÓN”, dirigido por Catalina Pérez Correa, Profesora Investigadora del Centro de Investigación y Docencia Económicas, CIDE, publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, en 2014.

El estudio de la investigadora Catalina Pérez destaca que las penas de la política penitenciaria en México terminan afectando a quienes el derecho reconoce como inocentes: los parientes, al ignorar sus circunstancias, propiciando un círculo vicioso que puede traer como consecuencia problemas de drogadicción, violencia y delitos en las familias. 

La marginación de la que la ley hace víctimas a las mujeres complica más la estigmatización que sufren por tener un familiar en prisión, lo que puede provocar afectaciones emocionales y enfermedades como depresión, gastritis y presión alta, que se suelen acompañar de infecciones sexuales contagiadas a causa de la práctica de relaciones con nula protección que se acostumbra en prisión, revela el estudio.

En él se menciona que tan sólo en 2013 los centros de reclusión del Distrito Federal recibieron un total de 3,293,597 visitas, de las cuales 75% (2,211,409) fueron de mujeres, mientras que en ese mismo año los del estado de Morelos recibieron un total de 175,859 visitas, de las cuales casi 80% (139,082) era de mujeres.

La privación de la libertad es una pesadilla que no sólo afecta a quien cometió un delito, sino también a quien responde por su situación en el exterior, generalmente la pareja sentimental.

En términos financieros, el sacrificio que implica perder el ingreso económico de un familiar encarcelado puede crecer en forma desmedida, ya que además de mantener a los hijos, en el caso de una pareja, también deberá responder por la manutención del propio prisionero, una obligación que el Estado incumple generalmente.

Los gastos del recluso, que los organismos a los que les corresponde otorgar no cumplen, son los básicos, como la alimentación, medicinas y otros. También, la corrupción afecta de manera cotidiana con el pago de “cuotas” en el interior de los centros, que se supone son para garantizar la seguridad y el bienestar del interno.

De poder pagar un abogado, sus honorarios no garantizan la libertad.

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