No podemos acostumbrarnos a un sistema que abusa del poder

No podemos acostumbrarnos a un sistema que abusa del poder

Pbro. José Manuel Suazo Reyes

Con la Vigilia Pascual hemos llegado al culmen de la Pascua cristiana. Por eso la Vigilia Pascual es la madre de todas las vigilias, porque en ella celebramos la resurrección de Jesús. Jesús ha vencido la muerte y ahora vive. Él no se ha quedado en la sepultura, las tinieblas han sido vencidas, su luz ilumina nuestra existencia y ahora nos acompaña en nuestra vida. Esta fue la experiencia que los primeros cristianos compartían a los que les anunciaban el Evangelio. Aquel que fue crucificado ha resucitado.

Con la resurrección de Jesús, todo adquiere un nuevo sentido. La fe se ilumina, la esperanza aumenta, la caridad se fortalece. Los grandes temas que se van sucediendo en la liturgia de la Palabra de la Vigilia Pascual son releídos a la luz de la Resurrección de Jesús: la creación del universo es admirable (Gn 1,1-2,2), pero lo es más, la nueva creación efecto de la resurrección. El sacrificio de Abraham (Gn 22,1-18) prefigura la Resurrección porque Isaac sigue vivo después del sacrificio. El Paso del mar rojo Ex 14,15-15,1) anuncia el bautismo que nos da una nueva vida en Cristo. Las profecías invocadas como el desposorio de Dios con su pueblo (Is 54,5-14), la fuerza de la Palabra de Dios (Is 55, 1-11) la sabiduría divina (Bar 3,9-15.32-4,4), la donación del Espíritu de Dios (Ez 36, 16-28), se hacen realidad con la Resurrección.

La Iglesia, al reunirse cada domingo y celebrar la Santa Eucaristía, revive esa misma experiencia: celebra la resurrección de Jesús y experimenta la presencia de su Señor Resucitado. Nuestra fe sería falta falsa si Cristo no hubiera resucitado.

Porque Cristo resucitó podemos anunciar al mundo que la muerte no es el destino del hombre, sino la vida. Dios quiere que el hombre viva, él nos ha enviado a su Hijo para que tengamos viva y la tengamos en abundancia (Jn 10, 10).

Todos los signos de muerte que acechan a nuestra sociedad como el egoísmo, la ambición desmedida, la corrupción, la mentira no vienen de Dios ni dan vida a los hombres; más bien lo hacen esclavo de sus propias pasiones. De igual manera los asesinatos, los secuestros, las extorsiones, los levantones y asaltos a mano armada son signos del hombreviejo que no ha resucitado y se resiste a vivir en las sombras de la muerte.

La sociedad necesita ser renovada y llenarse de la luz de Cristo que brilla con la Resurrección. No podemos acostumbrarnos a una cultura que envenena a los jóvenes o que asesina a los niños y se despreocupa de los adultos mayores; haciendo eso nos encaminamos a nuestra destrucción. No podemos acostumbrarnos a un sistema que abusa del poder y arruina el porvenir de sus ciudadanos.

La resurrección de Jesús viene a recordarnos que estamos a llamados a vivir de forma diferente, en paz y reconciliados unos con otros; Cristo es más fuerte que las tinieblas. ¡Que su luz brille en nuestros corazones para revestirnos con los rasgos del hombre renovado!

¡Felices pascuas! (05/04/2015)

(El Pbro. José Manuel Suazo Reyes es el Director de Comunicación Social de la Arquidiócesis de Xalapa.)

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