Un nuevo año litúrgico

Jose Manuel Suazo Reyes

Este domingo iniciamos en la Iglesia Católica un nuevo año litúrgico. Lo comenzamos con el periodo del Adviento. El término ADVIENTO significa “presencia”, “llegada”, “venida” o “visita”. Los primeros cristianos adoptaron este término para referirse a la llegada de Jesucristo: JESÚS ES EL REY, QUE HA VENIDO A LA TIERRA PARA VISITARNOS.
El Adviento es un periodo que nos prepara para las fiestas de Navidad donde celebramos el nacimiento de Cristo nuestro Señor. Existe el riesgo de que con tantas ofertas comerciales nos perdamos en el consumismo superficial y reduzcamos la navidad sólo a su aspecto exterior y por lo tanto superfluo y vano, dejando fuera de las celebraciones a quien debería ser el centro.
El centro de la Navidad es JESÚS, por eso para los que creemos en él y celebramos cristianamente la Navidad, el portal de Belén es un elemento fundamental que nos recuerda lo que festejamos en este periodo. En el portal de Belén viene representado el nacimiento de Jesús. Colocándonos de frente a él nos encontramos con los orígenes de nuestra fe. En el centro se encontrará la sagrada familia: Jesús, María y José. Ellos son los protagonistas en los primeros momentos de nuestra salvación.
La Navidad celebra la presencia de Dios con la humanidad. El nacimiento de Jesús es expresión del amor de Dios y este se manifiesta por medio de la cercanía, el encuentro, la reconciliación, la alegría, la unidad y la paz. De ahí las luces, los villancicos, las celebraciones familiares y la entrega de regalos. Todo esto tiene su fundamento en el nacimiento de Jesús. El gran regalo que Dios ha dado a la humanidad es su Hijo Jesucristo. Por eso el periodo del Adviento es una preparación espiritual que nos lleva a tomar en cuenta esa expresión del amor de Dios.
Dios entró en nuestro tiempo haciéndose niño y recorriendo las etapas de la vida humana para que toda nuestra existencia pudiera ser elevada a las alturas de Dios. El evangelista San Juan nos dice que este acercamiento divino es un acto de amor. Así lo expresa en las primeras páginas de su obra: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su propio hijo para que el mundo tenga vida” (Jn 3, 16).
La Iglesia nos enseña que el ADVIENTO expresa tres dimensiones: En primer lugar se hace referencia a la venida histórica de Jesús (misterio de la encarnación), en segundo a la venida escatológica (epifanía gloriosa objeto de nuestra esperanza) y por último se refiere también a la venida cotidiana, la de todos los días que es objeto de la fe que nos lleva a la hermosa experiencia del encuentro con Dios.
El Adviento es un tiempo que nos dispone para encontrarnos con nuestro salvador. Dura de ordinario 4 semanas o al menos 4 domingos como será este año 2017 donde el último domingo del Adviento, será también el día de la noche buena. Por la noche del último domingo de Adviento celebraremos el nacimiento de Jesús.
Un rasgo dominante que caracteriza el periodo del Adviento es el tema de la ESPERA, espera que vivida con fe se convierte en ESPERANZA. El Adviento es, por excelencia, el tiempo de la esperanza. Cada año, se renueva en el corazón de los cristianos que, mientras nos preparamos para celebrar la gran fiesta del nacimiento de Cristo Salvador, reavivamos la esperanza de su venida gloriosa al final de los tiempos.
La esperanza Cristiana a la que nos referimos se distingue de la Esperanza humana. Ambas ponen la mirada en un bien futuro, con la gran diferencia de que en la esperanza humana no estamos ciertos de alcanzar el bien que se desea, mientras que en la Esperanza cristiana, lo que esperamos es un bien del que estamos seguros. Esta seguridad viene del hecho de que se trata de los bienes que nos ha prometido el mismo Señor y Dios es fiel a sus promesas.
Que este tiempo del Adviento nos lleve a todos a un encuentro con Dios y un encuentro con los demás. Que el Adviento nos lleve a la reconciliación, a experimentar la paz, a cultivar la alegría y la esperanza cristiana. Que nuestras responsabilidades terrenas no nos distraigan ni impidan mirar lo que el cielo nos ofrece.

Pbro. José Manuel Suazo Reyes

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