¡¡ Procesión de aspirantes… !!

Alfonso Mora Chama

Espacio 13

*La mayoría solamente en encontrar el yelmo de mambrino,

soportando el justo enojo ciudadano…

“Perdonar es solamente para tener tranquila el alma, no para seguir siendo amigos”

Alfonso Mora Chama

Cada paso en la política a la mexicana, nos lleva acertadamente a los pasajes del Quijote de la Mancha, escudado siempre en eso, en su fiel escudero Sancho Panza que, a bien de llevarlo alegre y sonriente por los caminos de los molinos de viento, relata lo que acondicionado a los aspirantes de ahora en busca de cargos de elección popular, le sucedió a su patrón cuando buscaba el yelmo de mambrina y creyó verlo en el barbero con un casco de oro, siendo solamente este señor que montado en un asno pardo como el de Sancho, llevaba sobre su cabeza una cosa que relumbraba en esa noche oscura, si por la lluvia el barbero se colocó en su cabeza la bacía de azófar, para no mojarse su cabellera…

Comenta el Quijote que, la bacía era buena, de valor pero no de oro,  para su patrón fue “mi voluntad lo que con tanta razón se me debe, queda por mío lo que tanto he deseado”… fíjese estimado lector que sin adentrarnos al yelmo de mambrino que en su origen heráldico hacia invulnerable a quien lo portara y que fue dueño el Rey Moro Mambrino y codiciado por los paladines de Carlomagno, para que al final de todo este cuento, quedara en los reinados de Montalbán… alejados del ingrediente sensacionalista y sin el suspenso creciente, solo en comparaciones, conozco aspirantes que desean conquistar este codiciado yelmo de la manera más corriente y cínica aspirando a lo uno para conquistar lo otro…

Pero para su desgracia, vomitan sus malandantes pensamientos y se convierten en batanes de la política qué para desgracia, hemos solapado todos; medios de comunicación sobre todo, y no debemos ocultarlo cuando cada quien debe tomar su propia responsabilidad si a los políticos enanos los convertimos en gigantes, a los mediocres y farsantes en sabios e inteligentes, a los perversos y crueles en damas de la caridad y a los ostentosos y vanidosos en humildes y cariñosas ovejitas…

Bien lo decía el brillante escritor mexicano, Mauricio González de la Garza, que la campaña política, todas, pocas excepciones, lamentable, es una burla en donde el juego atrapa a los burladores y a los burlados y por cierto, además de asegurar que las campañas no son una sublime ni una histeria colectiva, menos una borrachera espiritual, son artilugios políticos para engañarse todos a todos… menos al pueblo… y así, resumimos en Espacio 13 que van por los polvorientos pueblos  y comunidades, optimistas creyendo en sus fantasías como el Quijote en busca del barbero con su vasija brillante en la oscuridad y no precisamente por el valor del oro, no, por el encantamiento de ese yelmo de mambrino que para muchos solo fue una graciosa broma…o el mayor disparate del mundo, pero sí una de las pocas aventuras que el hidalgo caballero andante logró con final feliz,

Eso escuchamos de muchos aspirantes o precandidatos, amigos y conocidos, extraviados y desorientados, hacer creer que van honestamente a una presidencia municipal, y solo para lograr la negociación en una regiduría con jugoso sueldo o, en su caso, una curul federal o local, también para negociar ahora con eso de las alianzas en donde escuchamos el delirante mensaje mesiánico para justificar la disciplina y no desestabilizar a los partidos, y sus discursos se basan en relatos históricos de siglas de partidos si ya nadie cree en salvaciones, porque con o sin alianzas están alejados  de la microscópica inspección de sus ideologías, negociando solo sus intereses…

Una vez más las campañas se convertirán en procesión de engaños y las visitas a las poblaciones, diría el escritor de la Garza, serán visitas de suegra anunciada a nuera compulsiva.

Conclusión… quedarán en el encantamiento que defenderán contagiados por la sublime locura del caballero  de don Quijote, sin escuchar sonidos discordantes… cierto es, algunos cosecharán su esfuerzo y con el yelmo en la mano, cavilarán.

 Estoy seguro.

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