A propósito del ambiente laboral

Jose Manuel Suazo Reyes

A finales del mes de octubre, en un video mensaje, con motivo de la Semana Social de los Católicos Italianos, que fue celebrada en Cagliari, Italia, los días del 26 al 29 de octubre de 2017, el Papa Francisco ofreció un mensaje sobre el trabajo. El obispo de Roma reiteró que “sin trabajo no hay dignidad” y recordó que ante todo “está el bien de la persona”, por ello señaló que “no todos los trabajos son dignos”.

El obispo de Roma no disfrazó ni maquilló la realidad al referir lo siguiente: “Hay trabajos que humillan la dignidad de las personas, aquellos que alimentan las guerras con la construcción de armas, que baratean el valor del cuerpo con el tráfico de la prostitución, que explotan a los menores”. El Papa francisco denunció además lo siguiente: “Ofenden la dignidad del trabajador también el trabajo negro, la contratación ilícita de mano de obra, los trabajos que discriminan a la mujer y no incluyen al que tiene una discapacidad”

La situación laboral que vivimos en estos tiempos se ha ido tornando cada vez más difícil. No sólo existe el grave problema de desempleo porque no se están generando inversiones, sino también se han alterado las condiciones de quien cuenta con un trabajo.

Son muchas las personas que viven con la angustia y el temor de perder el empleo, las nuevas administraciones han traído también nuevas formas injustas de tratar a los trabajadores. Muchas oficinas públicas están llenas de “recomendados” que no sólo no tienen el perfil profesional que se requiere sino que también adoptaron actitudes prepotentes e injustas.

En otras palabras se quiso barrer parejo y pagaron justos por pecadores. Hay gente que ha trabajado por años con mucha dedicación y que ha sido tratada en forma injusta y hasta grosera. Eso es inmoral e indebido.

Por otra parte, resulta muy lamentable que haya gente trabajando eficientemente y que su futuro no esté asegurado. Ese tipo de angustia también está matando su dignidad y envenena su entorno. Afecta su salud, lo mantiene en una angustia permanente que se proyecta en el hogar y el ambiente donde vive.

Esta realidad no distingue a nadie, está presente en la ciudad y en el campo, en los ambientes industriales y hasta en los universitarios. Se tiene una mano de obra poco reconocida y mal pagada. Hay trabajos que exponen continuamente la vida de las personas y hasta su dignidad.

El Papa Francisco hizo un llamado para promover una economía al servicio de la persona, donde se reduzcan las desigualdades y existan oportunidades para todos. Que no sólo se busque la utilidad sino también el bienestar de los trabajadores. Las crisis financieras lamentablemente tienen un gran impacto en lo social. Los más afectados, a final de cuentas, son los pobres.

No obstante esta dura realidad, el obispo de Roma animó con los signos de esperanza que como “una foresta crecen sin hacer ruido”. En medio de esta precariedad social siguen existiendo personas que en el mundo laboral siguen sirviendo a los que más necesitan y que favorecen la comunión más que el espíritu competitivo.

El llamado final del Papa Francisco fue este: “que nada se anteponga al bien de la persona y al cuidado de la casa común, a menudo desfigurada por un modelo de desarrollo que ha producido una grave deuda ecológica”. La tecnología que va desfasando a las personas debe ser guiada por la conciencia y los principios de subsidiaridad y de solidaridad. La economía debe mantenerse como un medio que ayude a la persona y sus necesidades humanas.

Hacemos votos para que las condiciones sociales de quien se desempeña en un trabajo sean cada vez mejor. De esa manera tendremos un mejor ambiente y una mejor sociedad.

Pbro. José Manuel Suazo Reyes

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