¿Qué dignidad podrá́ encontrar una persona que no tiene qué comer o el mínimo necesario para vivir o, todavía peor, el trabajo que le otorga dignidad?

¿Qué dignidad podrá́ encontrar una persona que no tiene qué comer o el mínimo necesario para vivir o, todavía peor, el trabajo que le otorga dignidad?

Pbro. José Juan Sánchez Jácome

Nos hemos referido a la necesidad de devolver el alma a la política, sobre todo constatando los casos de corrupción que siguen ofendiendo a la sociedad y provocando una crisis generalizada.

Dentro de este anhelo de lograr la conversión y la purificación de la política, el Papa Francisco nos ha regalado un discurso profético y refundacional, el cual pronunció en su reciente visita a la sede del Parlamento Europeo, el martes 25 de noviembre.

Ciertamente se trata de un discurso que tiene como destinatarios directos a los legisladores de los 28 Estados representados en el Parlamento Europeo. Sin embargo, el planteamiento del Papa y la proyección de su discurso iluminan la vida de todos los países que se encuentran en crisis y que buscan la manera de superar sus dificultades.

El Papa habló de los derechos humanos y de la dignidad humana, desarrollando la concepción filosófica de los mismos. Y refiriéndose a las injusticias, amenazas y atropellos contra la vida y la dignidad humanas pidió poner en el centro a la persona humana, sobre todo constatando el predominio de las cuestiones técnicas y económicas en detrimento de un marco antropológico que privilegie a la persona.

A pesar de que el discurso político y la democracia se refieren constantemente a los derechos humanos, el Papa constató, a través de algunas preguntas desafiantes, el drama que viven tantas personas ante las injusticias, la pobreza, la inseguridad y otros males sociales que lesionan la vida y la dignidad humanas.

“¿Qué dignidad existe cuando falta la posibilidad de expresar libremente el propio pensamiento o de profesar sin constricción la propia fe religiosa? ¿Qué dignidad es posible sin un marco jurídico claro, que limite el dominio de la fuerza y haga prevalecer la ley sobre la tiranía del poder? ¿Qué dignidad puede tener un hombre o una mujer cuando es objeto de todo tipo de discriminación? ¿Qué dignidad podrá́ encontrar una persona que no tiene qué comer o el mínimo necesario para vivir o, todavía peor, el trabajo que le otorga dignidad?”, fueron algunas de las preguntas que presentó el Papa y que lograron cimbrar la conciencia de los parlamentarios.

En nuestro contexto, los cuestionamientos son interminables y ponen en evidencia los problemas tan complejos que enfrentamos en la sociedad. Dentro de este planteamiento desafiante, el Papa se dirige a los legisladores como muy pocas veces un líder les ha hablado y les plantea su misión en términos realmente conmovedores: “Ustedes, en su vocación de parlamentarios, están llamados también a una gran misión, aunque pueda parecer inútil: Preocuparse de la fragilidad de los pueblos y de las personas. Cuidar la fragilidad quiere decir fuerza y ternura, lucha y fecundidad, en medio de un modelo funcionalista y privatista que conduce inexorablemente a la ‘cultura del descarte’. Cuidar de la fragilidad de las personas y de los pueblos significa proteger la memoria y la esperanza; significa hacerse cargo del presente en su situación más marginal y angustiante, y ser capaz de dotarlo de dignidad”.

El reto para los políticos y legisladores no es solamente técnico y funcional. No se trata simplemente de elaborar los mejores programas para enfrentar la crisis angustiante que estamos viviendo. En el planteamiento del Papa es fundamental la ternura, la compasión y la entrega incondicional para revertir la situación de miseria y postración que viven nuestros pueblos.

¡Cuánta fragilidad en México y Veracruz! Cuánta postración y miseria ha desencadenado la corrupción y la simulación. Necesitamos que los servidores públicos, los legisladores y los políticos se preocupen de la fragilidad de los pueblos y las personas, que impriman en sus acciones no sólo su talento sino también su amor por las personas y los pueblos que han sido engañados y saqueados impunemente.

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