¿Quién está detrás del gasoducto?

Rebecca Arenas

AGENDA CIUDADANA 

Rebecca Arenas

Prevalece una gran preocupación entre los vecinos de los municipios veracruzanos de Xalapa, Emiliano Zapata y Coatepec por la insistencia, desde hace ya varios años, de introducir un gasoducto para beneficio de las trasnacionales Coca Cola y Nestlé, que cruzaría diametralmente el espacio geográfico de estos municipios.

Más allá de estar o no de acuerdo con la opción del gasoducto, generador de gases de efecto invernadero, que contribuyen al calentamiento global;, y más allá de los controles de calidad de la empresa constructora, o el seguimiento que realicen las instancias federales involucradas en este proyecto, sobre su construcción y adecuado funcionamiento, lo que mayormente ha inconformado a la ciudadanía veracruzana es la absoluta falta de respeto del alcalde saliente Américo Zúñiga a los pobladores de Xalapa, ya que habiéndoles ofrecido que sometería el proyecto a una consulta ciudadana no sólo no les cumplió sino que a sesenta días de dejar el cargo ha permitido que la empresa Gas Natural Noroeste, responsable técnica del proyecto, empezara a instalar tubería del gasoducto sin contar con el permiso para hacerlo, es decir a la “brava” .

¿Quién apoya a la poderosa trasnacional, que hace posible la instalación física de la tubería del gasoducto sin contar con las autorizaciones legales para hacerlo? ¿Quién está detrás de este controvertido proyecto que a pesar de la permanente oposición de los vecinos, no se ha cancelado, se mantiene a la espera?

El asunto ha sido tratado con opacidad, falta de transparencia y ocultando básica información al público, tanto de las autoridades municipales como de las estatales, sin llevarse a cabo ninguna consulta ciudadana como lo dispone la ley.

La compañía Nestlé beneficiaria y promotora del gasoducto, en forma irresponsable y desdeñando los mandatos legales llevó a cabo la construcción de un enorme tanque de 150,000 litros de gas LP, que mantuvo en un principio al aire libre, y posteriormente ocultó en sus patios centrales, construyendo una barda perimetral de considerable altura para evitar que  estuviera a la vista de la población. Sus medidas de seguridad consisten en colocar anuncios solicitando que no se enciendas fogatas y que las personas que circulen cerca se abstengan de fumar. Una chispa bastaría para provocar una tragedia.

La falta de información y transparencia ha hecho pensar a muchos en actos de corrupción de altos vuelos, con altos padrinos, que tienen a los ahijados dedicados a ver cómo sortean a la molesta población para poder continuar con sus pingües negocios.

Hoy por hoy, el escenario que vemos es lamentable. Por un lado está la ciudadanía, los habitantes de los tres municipios amenazados, que no quieren vivir encima de una bomba de tiempo; que se han organizado para hacerse escuchar, pero hasta ahora sus razones han sido un clamor en el desierto. Por el otro lado están las autoridades coludidas, que ya aceptaron por adelantado los beneficios de su intermediación y no pueden zafarse del compromiso adquirido, o que perciben un futuro atractivas gratificaciones y no quieren perdérselas. Así de simple y así de grave.

Frente a esa dinámica de estira y afloja, el tiempo pasa y ya se acercan de nuevo las elecciones. La decisión en las urnas que llevó a un candidato de MORENA a la alcaldía de Xalapa el pasado mes de junio, tras la gota que derramó el vaso: la aprobación del gasoducto por parte del cabildo xalapeño, a espaldas de la población, podría repetirse en el plano legislativo e incluso estatal. Pese a lo que se diga, la ciudadanía tiene memoria y llegado el momento actuará en consecuencia.

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