Sentido cristiano del dolor humano

Sentido cristiano del dolor humano

Pbro. José Manuel Suazo Reyes

El 11 de febrero, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, celebramos la XXIII Jornada Mundial del Enfermo. Todas las parroquias con sus agentes de pastoral de la Salud llevan a cabo diferentes iniciativas desde la Unción de Enfermos, hasta jornadas de oración y reflexión para pedir por las personas que padecen alguna enfermedad. Naturalmente se tiene en cuenta la gran labor que desempeñan los médicos, enfermeras y las personas que laboran en el sector salud, quienes muchas veces tienen que hacer acciones extraordinarias por las condiciones deplorables en las que tienen que desempeñar su labor; basta darse una vuelta por los hospitales para ver la sobrepoblación de pacientes y las condiciones en las que se encuentran. Lo lamentable es que esta situación lleva así ya varios años, y aunque ha habido cambio de administraciones, se mantiene la misma política, haciendo más pesada la cruz del sufrimiento, de los pacientes como de los que se dedican a su cuidado.

El sector salud, necesita también ser aliviado; se necesita una nueva mentalidad; se requieren más hospitales, y espacios dignos para la atención de los enfermos; los enfermos también tienen una dignidad. Son muchas las personas, que se aproximan a los enfermos para asistirlos en sus diferentes necesidades. La Jornada Mundial del Enfermo nos permite reflexionar en el tema del dolor humano.

La vida humana no está exenta de dificultades, de desilusiones y de dolores como nos dice el libro de Job. Ciertamente estas experiencias amargas no son exclusivas de nadie, más bien todos las podemos enfrentar de una u otra manera, son por así decirlo una experiencia común. La experiencia del dolor es propia del ser humano y nadie escapa de sus efectos. El autor del libro de Job no entiende que una persona inocente o justa tenga que sufrir. Por eso en algunos pasajes de su libro expone su rebelión interior, cuestiona a Dios sobre el porqué del sufrimiento humano y le exige una explicación.

Las preguntas y reclamos de Job encuentran una respuesta en la persona de Jesús, desde su encarnación hasta la Cruz Cristo se ha solidarizado con el ser humano. Por lo tanto, Dios responde al sufrimiento humano por medio de su mismo Hijo Jesús. Jesucristo asumió la condición humana no obstante todas sus fragilidades, él se hizo semejante a nosotros en todo, menos en el pecado. Él no sólo asumió la fragilidad humana, sino que se acercó también a quien sufría, se solidarizó con los pobres, los enfermos y los excluidos; él los liberaba frecuentemente de los males que los aquejaban como nos dice el evangelista San Marcos: «Curó a muchos que estaban afligidos por diversos males y expulsó a los demonios».

Ahora bien, no obstante que Jesús alivió a muchos enfermos, él no eliminó el sufrimiento de la faz de la tierra, sino que con su encarnación él lo asumió en su propia persona y lo vivió hasta sus últimas consecuencias. A través de su sufrimiento en la cruz, él siendo inocente, llevó a cabo la obra de la redención humana. De este modo, el sufrimiento y el dolor humanos, adquirieron con Jesús un nuevo sentido: el dolor humano se convirtió en causa de nuestra salvación.

Jesús pudo haber eliminado cualquier tipo de sufrimiento de la faz de la tierra; nos pudo haber ahorrado el dolor y la muerte. Sólo que Dios no envió a su Hijo para hacer de la tierra nuestro paraíso o nuestro destino; sino para revelarnos que esta vida nos prepara para otra que es la plenitud; Cristo vino a develarnos que la verdadera vida, es la vida eterna y que desde aquí podemos prepararnos y podemos alcanzarla.

El sufrimiento existe y puede existir en la vida de cualquiera de nosotros. Su presencia nos revela nuestra caducidad; la Sagrada Escritura nos revela además que unidos a Cristo, el sufrimiento y el dolor humanos, se convierten en causa de nuestra salvación. Esta transformación del sentido del dolor humano y del sufrimiento nos lo ofrece la fe en Jesús. De ahí lo que dice el Evangelio. «Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraran descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera» Mt 11, 28-30 (08/02/2015).

(El Pbro. José Manuel Suazo Reyes es el Director de Comunicación Social de la Arquidiócesis de Xalapa.)

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