TIEMPOS DE ESPEJISMO AUTORITARIO

Uriel Flores Aguayo

Uriel Flores Aguayo

México va a una elección presidencial que nos pone en una disyuntiva de tres rutas: continuidad tricolor, perpetua apuesta de AMLO y la opción novedosa y coaligada del Frente. Me ocuparé de la alianza de AMLO, por ahora, sin detenerme en su pragmatismo tradicional al sumar a un membrete tan desprestigiado como el PT y a los evangelistas del PES, antiposturas progresistas, a sus siglas propias de MORENA; más bien, abordaré las características y los planteamientos que representa actualmente López Obrador. En torno a él, con su impulso, se practica el culto a la personalidad con tonos religiosos y se genera un ostentoso y anacrónico caudillismo. Depositadas todas las expectativas en su imagen, en sus dichos y desiciones, pasan a segundo o último plano las estructuras partidarias, los argumentos y las propuestas. Su presencia les resuelve contar con una base social en lo inmediato y una tendencia electoral importante pero los hace vulnerables al depender casi absolutamente de una sola persona.

En los caudillos habita el germen de los dictadores, al concentrar poder y vivir de su carisma; así lo registra la historia; se fusiona su figura con las causas mayores que dicen perseguir, casi siempre con la grandilocuencia que determinan sus banderas de un futuro mítico y fabuloso. Se sustituyen cualquier práctica democrática y los derechos de sus seguidores “por la causa” y las aspiraciones de su líder y caudillo. Ahí están los antecedentes de los Soviéticos, los Cubanos, los Nicaragüenses, etc.. En las formaciones políticas cerradas y autoritarias todos deben callar y subordinarse a las órdenes del gran líder, sin espacios reales de información, análisis y resolución. Al basarse en agrupaciones amorfas y volátiles, masas de oyentes, los pocos que tengan ideas propias son sometidos a duras pruebas morales de fidelidad y dudas con graves tensiones humanas.

Sin militantes reales se sumergen en el voluntarismo y la ineficacia, saltando muy pronto a la desilusión y, en muchos casos, al oportunismo. Este último rasgo viene directamente de la simulación de sus dirigentes; al descubrirlo se internan en la desesperanza y la reproducción de las mismas prácticas. Su doctrina es verbal, se cuestiona de tajo con una dosis elevada de pragmatismo, igual o mayor a la de los demás partidos.

El discurso de AMLO es efectista y de bajo nivel, con riesgo real de volverse irrelevante, hecho para la plaza y el aplauso fácil. Teniendo una gran oportunidad de hablar de nuestros problemas y ofrecer soluciones, la desperdicia en ocurrencias y asuntos insustanciales como el avión presidencial y las pensiones de los ex presidentes. Su ejemplo se generaliza en las figuras locales de su partido, como su precandidato a Gobernador de Veracruz, con una elocuencia gris para soltar vulgaridades e ideas huecas. Dice el todavía diputado federal, donde hizo un papel intrascendente, con dos licencias a cuestas, que veracruz ya despertó para señalar el número de público en sus mal llamadas asambleas informativas. Es una expresión demagógica que engaña a sus oyentes y, en un descuido, a él mismo. Es obvio que en una campaña electoral hay mayor interés y participación de la gente en la política, los partidos y los candidatos, más si se trata de un personaje tan conocido y polarizante como AMLO. Eso no quiere decir que la ciudadanía está despertando de algún estado de adormilamiento ni mucho menos. Pasa que se asoma más a la vida pública en estos momentos electorales. Tampoco quiere decir que la asistencia a las plazas se traduce en urnas llenas; eso lo aprendimos desde los buenos tiempos del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas.

Es algo triste ver como se derrocha en una aspiración personal de poder, asumiéndolo como el elegido, y con liderazgos de bajo perfil, la inconformidad social y la esperanza de millones de mexicanos. La prematura soberbia y las ambiciones desatadas de los encargados del movimiento de AMLO son la ruta segura a su fracaso; su bajo perfil y ausencia de compromiso democrático los lleva a una segura y dura derrota…

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Recadito: ya estamos grandecitos para ser militantes con veladoras….

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