Verano del Amor, una utopía viviente

Ivan Garcia Moreno

La Libélula 

Por Divandino 

Estamos en pleno verano, cuando la mayoría de estudiantes y burócratas se toman su periodo vacacional, merecido o no pero, quizá, necesario. El verano es, además de una estación del año, una temporada idónea para los estrenos cinematográficos y para los festivales musicales; se llevan a cabo en este periodo festivales como Lollapalloza en Estados Unidos, el Sziget en Hungría, el Rock In Rio en Brasil o el Glastonbury en Inglaterra, solo por mencionar algunos.

El verano es cuando la mayoría de vacacionistas deciden tomar un retiro para el descanso, el solaz y el entretenimiento; la época en que las actividades lúdicas favoritas tienen mayor apogeo y son más socorridas. Finalmente es una breve pausa de la actividad cotidiana, del estrés laboral o de las tareas escolares. Vacaciones, pues.

Viajemos un poco en el tiempo y aterricemos en San Francisco, California (Estados Unidos), quizá tomando el sol y observar la caravana interminable de personas, jóvenes en su mayoría entre los 17 y los 35 años, todos con un mismo propósito: proclamar a los cuatro vientos el “Amor y Paz”. Era una especie de horda que acudía al llamado anti gobierno, ecologista, fumando hierba y otras drogas.

Es el verano de 1967, el llamado Verano del Amor. El término fue acuñado por el periódico San Francisco Chronicle al publicar una nota sobre los acontecimientos del barrio de Haight-Ashbury: lugar al que llegaron alrededor de 100 mil jóvenes con ánimos de salirse del sistema, disfrutar de buena música o simplemente para matar el aburrimiento.

Y en efecto así fue. Una multitud de jóvenes invadieron literalmente San Francisco, que se convirtió en el epicentro de todo un movimiento, para sumarse a una llamada revolución cultural: se oponían a la guerra de Vietnam, al sistema de gobierno y a la forma tradicional en las que se mantenían cuestiones como el sexo y el medio ambiente.

En esta ciudad y otras a su alrededor existieron comunas donde la idea era compartir todo y vivir de la naturaleza, básicamente era la cultura “hippie”. Era tal esa invasión a la zona que el gobierno local se vio obligado a detener la llegada de más jóvenes, no solo de estados norteamericanos, sino de otros países, pues los servicios públicos empezaban a ser insuficientes.

Pero no todo fue armonía y felicidad. Muchos veteranos aseguran que aquello fue una avalancha de curiosos y almas perdidas, que arrasó con la comunidad del barrio de Haight-Ashbury, que se extendió por la ciudad y sus alrededores. Entraron las drogas más duras como el LSD y la heroína, se dispararon las violaciones y las enfermedades de transmisión sexual; con ello aumentó la presión policial.

No todo sería color de rosa, pero sí te encontrarías una multitud con rosas en el cabello de todo Norteamérica siguiendo nuevas aspiraciones y una gran comunión, como dice el clásico de Scott MacKenzie “San Francisco”, un tema icónico del movimiento hippie.

Cuentan que el 7 de agosto de aquel 1967 la comunidad hippie, asentada en aquel barrio californiano, recibió una especie de bendición. El mismísimo George Harrison les hizo una visita rápida en donde toco la guitarra y ofreció un pequeño discurso alentador; recordemos que el Beatle había visitado la india y traía toda esa carga de religiosidad y misticismo.

Curiosamente o de manera fortuita, ese verano escenificaba lo que The Beatles proyectaban con su disco “Sgt. Peppers’s Lonely Hearts Club Band” o lo que predicaba la banda Greatful Dead con sus llamados a la unidad solidaria y al no materialismo; ese verano cambió la historia del rock y de la sociedad de aquella época.

En ese momento se vivió una utopía que, a 50 años, se visualizó del 16 al 18 de junio de aquel 1967 con la realización del Monterey Pop Festival –Monterey, población ubicada al sur de San Francisco-, al que acudieron más de 50 mil personas y que es considerado como el precursor del Woodstock del 69 y de todos los demás. Figuras como Janis Joplin –la llamada la “Bruja Cósmica”-, Jimi Hendrix y The Who hacían su primera aparición masiva.

En este festival tocaron bandas de pop, rock y folk, básicamente, entre las que destacaban Greatful Dead, Buffalo Springield, The Mamas & The Papas, The Steve Miller Band, Canned Heat, Jefferson Airplane y Ravi Shanka, entre otras.

El Verano del Amor o Summer Of Love giró en torno a la música y a los conciertos al aire libre. Los conciertos, tal como los conocemos hoy en día, tienen o tratan de mantener ese espíritu de libertad, de irreverencia y, sobre todo, de armonía en torno a la música, en torno al rock. Sin embargo, sigue siendo una utopía viviente.

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PALOMAZO

Por aquí les dejo el clásico mencionado de Scott MacKenzie cuyo verdadero nombre era Philip Wallach Blondheim, fallecido en 2012. https://www.youtube.com/watch?v=ENrmULWKbeM

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