El taxista

Sergio Gonzalez Levet

Sin tacto

 

El taxista

 

Por Sergio González Levet

 

Le hice la parada en una avenida y, como es mi costumbre para evitar sorpresas, le pregunté por el precio de su servicio.

     Me dijo una cantidad y me pareció adecuada.

Subí al vehículo, un taxi ya gastado pero aún en condiciones de dar alguna comodidad a sus pasajeros.

     Desde que hablé con él le advertí un dejo de tristeza que reflejaban sus ojos y su triste figura, como la de El Quijote.

     No pude evitar preguntarle por su condición, y durante el trayecto me fue contando su historia difícil y desesperada, como la de tantos mexicanos en esta época inédita que nos ha tocado sufrir.

     Le dejo la palabra, que habla por sí sola y es ejemplo de lo mal que nos está yendo a los mexicanos con la crisis del Covid, que se encima a la incomprensión del Gobierno morenista en el que tantas esperanzas pusieron tantos.

     Mire, señor, usted es mi primer cliente. Acabo de empezar con este coche, después de que estuve más de hora y media convenciendo al dueño de que me lo dejara para trabajarlo.

     Hubo un momento en que estuve a punto de echarme a chillar y yo creo que el señor se dio cuenta, porque finalmente se compadeció de mis ruegos y me soltó la unidad.

     Yo tengo tres meses que estoy desempleado y habíamos logrado sobrevivir mi esposa y mis dos hijos pequeños con un dinerito que habíamos logrado ahorrar cuando tenía ingresos.

     Pero le cuento que mi esposa es diabética. Antes, el Seguro Popular nos daba la insulina y la metformina con las que ella logra controlar sus niveles de azúcar, pero con la llegada de López Obrador nos dejaron de dar los medicamentos, que son muy caros y no hemos podido comprarlos todos.

     Mi señora, pobrecita, fue espaciando la medicina para que le durara más, y se ponía la insulina hasta que ya no aguantaba, pero le terminó dando un coma diabético la semana pasada y la tuve que internar en el hospital.

            Lleva ahí cinco días y gracias a Dios la estabilizaron y la dieron de alta.

Pero ahí viene la otra desgracia, porque la trabajadora social me puso una cuota de 3,650 pesos, que se deben pagar para que ella pueda salir del hospital.

     Fui a pedir prestado con quien pude y logré juntar 3 mil pesos, pero me dijeron que tenía que pagar la cantidad completa.

     Antes, cuando los gobiernos eran corruptos y conservadores, nos iba mejor porque con el Seguro Popular nos daban todo, pero ahora que hay un gobierno honesto nos tratan con soberbia y no nos dan ninguna ayuda.

     Imagine usted mi desesperación, sin chamba y sin un centavo para completar mi deuda.

     Ahí en el hospital, un señor se me acercó y me dijo que había un dueño de un taxi que buscaba un chofer que se lo trabajara.

     Y así me ve usted aquí con el coche.

     Ahorita tengo hasta las 6 de la tarde para hacer los 650 pesos que me faltan y sacar a mi esposa.

     Y en ésas estoy con este Gobierno, que dice que se preocupa tanto por los pobres.

     Yo digo que estábamos mejor antes, porque con la corrupción robaban pero había, y ahora ya no roban, pero no hay… qué caray.

 

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