La pesadilla de la Fiscal

Jesus Antonio Reyes Gonzalez

La pesadilla de la Fiscal

Por Antonio Reyes

Si uno observa con detenimiento el desempeño de los funcionarios del gabinete estatal y de Organismos Públicos Descentralizados, así como de poderes independientes en la era de la 4T en Veracruz, y analiza el perfil de cada uno de ellos, no le extrañaría la razón por la cual los resultados no sean los adecuados y que pudiera haber mejores perfiles al frente de las responsabilidades.

Lo ideal sería que estuvieran dirigidos por profesionistas con un bagaje compuesto tanto por la experiencia profesional y operativa como la preparación académica, con una amplia visión y con sentido común.

En cambio, tenemos funcionarios que en toda su vida nunca habían ocupado alguna responsabilidad oficial, aunque, para su suerte, las pasiones a favor que levanta el presidente Andrés Manuel López Obrador y la sensación de bienestar que generan los apoyos en efectivo del gobierno federal a la mayoría de electores a nivel nacional, les ha garantizado no ser evaluados en las urnas, por lo que no les apura aprender y conocer de lleno las particularidades de sus responsabilidades, ni mucho menos ser eficientes.

No todos, pero algunos de ellos están conscientes de que jamás volverán a tener un trabajo así. Otros de plano sueñan en que en la próxima administración serán representantes populares o simplemente cambiarán de secretaría para seguir disfrutando los privilegios que actualmente gozan.

Nunca en su vida se imaginaron que algún día llegarían a tener una lujosa oficina propia, ni se diga decenas de colaboradores, sueldos muy por encima de la media, viáticos generosos, gastos de representación, vehículos oficiales ostentosos, guardaespaldas, camionetones con escoltas, atracción de personas aunque sea de manera interesada, poder para asignar plazas de personal de base y de confianza, para darle chamba a familiares y amigos, para asignar contratos, para recibir dinero sin hacer nada de parte de proveedores, entre otros tantos beneficios bien o mal habidos.

Secretarios como el de Educación o el de Gobierno no se conciben un solo día fuera del servicio público, como cualquier ciudadano ordinario, ya sin poder, sin todos sus alcances, lo que en automático representaría que además de la pérdida de todo lo anterior nadie les haría reverencia nunca más; dejarían de ser guapos de la noche a la mañana.

En ese sentido, y en medio de una crisis económica mundial agudizada por la poca incentivación de la inversión privada y la falta de empleo, ningún nuevo poderoso servidor público estaría dispuesto a renunciar a esta generosa y muy poco posible vida, dure lo que dure, ninguno, de ninguna manera.

Pero existe el caso de una persona dispuesta a renunciar a todo de manera incondicional con tal de amanecer siendo una simple mortal, alejada de la administración pública, mientras más indiferente mejor.

Los medios de comunicación no han dejado pasar ni un error cometido por la Fiscalía General del Estado, que encabeza Verónica Hernández Giadáns, los últimos muy graves como detener personas inocentes, encarcelar gente sin pruebas, integrar pésimamente carpetas de investigación y, lo más curioso de todo, haber dejado que el gobernador se embarque a causa de su trabajo, innecesariamente, sin ninguna consecuencia para ella.

La reacción de la ciudadanía, de los demás funcionarios, de abogados, comunicadores y desde luego de las víctimas de la delincuencia y de la incapacidad de esta institución, no encuentran explicación alguna para que la fiscal siga firme en la encomienda en la que evidentemente no le va muy bien.

Aparentemente la seguridad de Verónica, cada vez que hace una declaración después de cada yerro cometido, haría pensar que está decidida a hacer las cosas bien la próxima vez animada por sus padrinos políticos, pero lo que casi nadie sabe es que se ha rendido desde hace mucho tiempo, ya no tiene ánimo ni energías ni para delegar ni para supervisar ni una denuncia más.

Hernández Giadáns había venido teniendo una vida colorida desde sus años de estudiante de Derecho, cuando era una de los mejores promedios de la carrera con 9.82 en la Universidad Veracruzana, posteriormente Notaria Adscrita en su tierra natal, Santiago Tuxtla de donde además fue reina de belleza, y luego no quedándose con el antojo de incursionar en el ámbito público tuvo diferentes cargos en el Ayuntamiento de Xalapa y en la Secretaría de Gobierno, hasta que fue invitada a ser la Fiscal del Estado y convencida no tan fácilmente, pues sabía que el destino de los dos anteriores titulares no había sido nada bueno.

Verónica está consciente de los catastróficos escenarios que le podrían esperar al terminar la actual administración, sabe todo lo que implicará volver a vivir, simplemente a vivir, como lo hacía sin ninguna preocupación antes de involucrarse en esta pesadilla, si es que lo llega a lograr; ella ya ha presentado su renuncia pero no le es aceptada, ella no quiere continuar ni un segundo más sobreviviendo así, acumulando tanta energía negativa proveniente de todas partes, sabe perfectamente a quiénes ha lastimado por medio de la institución en contra de sus principios y valores.

La Fiscal es una gente bien formada y educada, con convicción de paz y bienestar común, con mucha dignidad, sin necesidad de ser corrupta ni desgastar su imagen por ello, a pesar de esta experiencia en la que se mantiene en contra de su voluntad. La suya no es cualquier pesadilla que se acabe al abrir los ojos por la mañana, su infierno es ahora, a cada segundo. El caso de la fiscal Verónica es especial, irónicamente como muchas víctimas suyas, se ha vuelto una víctima más, la principal víctima de la Cuarta Transformación, Capítulo Veracruz.

@kunoreyes

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