Zenyazen y la popularidad del cuitlahuismo 

Llega y entra al restaurante ante la indiferencia de todos los comensales. Lo acompaña un guardaespaldas, quien disimula su fusca en una pequeña maleta, mientras que en otra mesa se quedan más guaruras y afuera hay muchos más, así como varias camionetas blindadas. El lugar está lleno. Lo espera una mujer. Se sienta. Dialogan solo un momento. Luego se para y se retira, como llegó, sin que nadie voltee a verlo. De salida intenta ver hacia los lados, pero mejor aprieta el paso y se va con toda la guaruriza rodeándolo.

Pienso: cómo han cambiado las cosas. Resulta que era ni más ni menos que el secretario de Educación, Zenyazen Escobar; ella, la subsecretaria de Educación Básica, Maritza Ramírez Aguilar. Creo que me quedé en el pasado y por eso me despertó curiosidad, cuando un funcionario llamaba la atención y si se trataba de un secretario de Educación no faltaba quién se parara a saludarlo e, incluso, quiénes se acercan a hacerle alguna petición. Hacían bulla, pues.

Pero, ¡ay!, a este funcionario morenista (y a ella también) nadie –para usar un término del populacho– lo peló a pesar del escandaloso aparato de seguridad que llevaba. Pensé: si ellos de alguna manera reflejan la popularidad del cuitlahuismo, ya se puede uno imaginar cómo les va a ir el 6 de junio.

Arturo Reyes Isidoro

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